miércoles, 17 de julio de 2013

FRANCIA: PARIS: Museo de Orsay


Un bastión del impresionismo en París
En una antigua estación de trenes de París que fue reconstruida, el Museo de Orsay alberga una valiosa colección de arte creada entre 1848 y 1914.
Un bastión del impresionismo en París Orsay Museum: Entre otros artistas, se exhiben obras de Manet, Renoir, Cézanne, Gauguin, Degas y Van Gogh.

Pensado a escala, posible de visitar y realmente conocer en una tarde o una mañana, el Museo de Orsay de París está dedicado al arte del siglo XIX y, más exactamente, al impresionismo. Para muchos, es uno de los museos más bonitos de Europa, con la fachada principal al borde del río Sena, en la orilla izquierda, la mítica Rive Gauche. Entre otros artistas, se exhiben obras de Manet, Toulouse-Lautrec, Renoir, Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Degas, Matisse y Pissarro.
Este es uno de los museos en los que no sólo importan las pinturas y las esculturas; el edificio, además de tener una historia apasionante, es bello por donde se lo mire. Fue la sede del Tribunal de Cuentas hacia fines del siglo XIX y luego funcionó como una de las estaciones de trenes de París. La reconversión se hizo en tiempo récord porque se buscaba que estuviera terminada para la Exposición Universal de 1900. La nave central, de unos 135 metros de largo, albergaba, además de dieciséis andenes, un hotel y un restaurante. Para los años 40, la Gare d'Orsay era pura decadencia. Recién en 1973 fue declarado Monumento Nacional por el ex presidente de Francia, Georges Pompidou para después comenzar a pensar en este espacio como el ideal para un museo y una excelente colección de arte de los siglos XIX y XX. El edificio conserva los grandes aciertos de la construcción original, es decir, espacios llenos de luz, enormes y abiertos, los techos vidriados con forma de arco, los grandes ventanales. Para almorzar, el restaurante del museo regala un clima de la Belle Epoque: un menú francés, entre brillantes arañas con caireles, grandes espejos de marcos dorados y techos pintados con cielos claros y despejados.
El Museo de Orsay está estructurado en cinco niveles. En el 0, alrededor del Patio de las Esculturas, se pueden ver las primeras obras de Manet, Degas y Monet. Se trata de una especie de galería (allí donde todo se llena de luz), con trabajos de Rodin y Bourdelle, entre otros escultores. Hay bancos disponibles para el público, para sentarse e intentar adivinar entre las líneas la vieja estación de trenes. En este mismo piso se exhibe la corriente academicista de 1850/1860, integrada, por ejemplo, por el romántico Eugene Delacroix. Y está la sala dedicada a Toulouse-Lautrec.
Fiesta impresionista
París duplicó la apuesta con las reformas que se hicieron en el museo en 2009, que embellecieron y potenciaron todavía más la gran galería del quinto nivel, dedicada al impresionismo. Se corrigió el diseño, la iluminación y se pintaron los muros de colores. Todo sin eliminar el contrapunto con la arquitectura de 1900, que deja ver las estructuras metálicas.
Los nombres de las obras y artistas de la galería de los impresionistas y posimpresionistas se abre con "Desayuno en la hierba", de Manet, una obra que generó un buen escándalo cuando en 1863 se exhibió por primera vez en el Salón de los Rechazados, una muestra organizada por los artistas que no obtenían el permiso necesario para mostrar su trabajo en la exposición oficial de la Academia.
El Museo de Orsay -la fachada de color oro, con enormes relojes- está dedicado a las obras de arte, fundamentalmente francesas, creadas desde 1848 hasta 1914. Y es uno de los tres grandes museos de París, después del Louvre y el Centro Pompidou.
Otras dos de las grandes telas del quinto nivel es "La clase de danza", de Edgar Degas. Degas solía frecuentar la antigua Opera de París. Lo hacía como espectador, pero también solía andar por el detrás de escena, entre bastidores. Las bailarinas ensayando o en sus momentos de descanso, las poses y los gestos, se convirtieron en una de las obsesiones de Degas.
En estas salas -en realidad apenas se pone un pie en el Museo de Orsay-, la sensación es la de haber retrocedido en el tiempo, para volver al París de finales del siglo XIX y comienzos del XX. "El baile del molino de la Galette", de Auguste Renoir, es uno de los grandes momentos del impresionismo y una de sus obras más importantes, de mediados de la década de 1870. Se vuelve a recrear esa sensación: el estallido de colores, el clima popular, representa a un grupo de parisinos en plena diversión bajo el sol. Sin embargo, esta tela es el resultado de varios estudios que Renoir completó en su taller. No lo pintó en el lugar -el barrio de Montmartre- ni en el momento. "El baile del molino de la Galette" fue presentada en la exposición del grupo impresionista de 1877.
En el segundo nivel, la atracción es el naturalismo y la pintura neo y posimpresionista, como la de Gauguin y Van Gogh, de quien se exhibe uno de sus "Autorretratos". De Georges Seurat, "El circo" (1890/91), retrata las atracciones populares del París "moderno". Se trata de óleo puro, en el que predomina el blanco y que tuvo las mejores críticas. Sin embargo, el autor no llegó a terminarlo: Seurat murió en 1891. "Noche estrellada", de Van Gogh (1888), es otra de las joyas de la sala, una pintura nocturna del río Ródano -la noche era una de las ideas que Van Gogh perseguía- en la que mandan todos los azules. Y las estrellas que brillan y se estiran en el agua.

ARGENTINA: CHACO: Resistencia 48 horas

48 horas en Resistencia
La capital de Chaco -reconocida como "La ciudad de las esculturas"- luce adornada por centenares de obras de arte al aire libre. Además, este paseo sugerido vincula parques con museos, centros culturales y restaurantes.
48 horas en Resistencia La Plaza 25 de Mayo cuenta con numerosos ejemplares de palmeras, palos borrachos, ceibos, algarrobos, lapachos, quebrachos colorados, urundays y tipás. En su centro se erige una estatua ecuestre del General Don José de San Martín. Anterior Siguiente

La impronta de las esculturas esparcidas en todos los rincones de la ciudad es ya una marca indeleble, que deposita a Resistencia en la consideración de los círculos culturales del resto del país y el exterior. El orgulloso carácter de los pobladores de la capital de Chaco tiene en ese rasgo saliente una de sus razones de peso. Pero la ciudad, coloreada por los verdes del monte, las manchas rosadas de los lapachos en flor, el Paraná y el aporte de poblaciones originarias e inmigrantes, tiene mucho más para ofrecer.
Primer día

8.00
El fuerte arraigo social es uno de los condimentos más reconocidos de El Viejo Café. Mientras el mozo ordena un cortado con medialunas, intento mimetizarme con la clientela observando la ciudad que despierta a través de las ventanas, como acostumbran los parroquianos locales. Pero no resisto a la tentación de relojear las paredes, decoradas con banderines de clubes de fútbol, viejas portadas de diarios chaqueños, centenarios avisos publicitarios y un afiche ajado que anuncia la puesta "Los caminos de Federico", protagonizada por Alfredo Alcón.
9.00
Ya se vislumbran las primeras imágenes de la ciudad decorada con esculturas. A unas 15 cuadras del bar, las obras de arte al aire libre son puestas en su exacto valor en el Museum (Museo de Esculturas Urbanas del Mundo). Cuando se celebra la Bienal de Esculturas, la gente tiene la posibilidad de ver trabajar a los artistas y hacerles preguntas. Sus obras quedan en exposición en el lugar donde fueron esculpidas durante dos a tres meses y después se instalan en otros lugares públicos. En medio de las 32 piezas con base fija que adornan el parque exterior apenas se alcanza a apreciar una fuente de aguas danzantes.
10.00
El edificio del Museum y el Domo del Centenario son las más modernas piezas del Parque 2 de Febrero. El sinuoso curso del río Negro, que en 1878 acercó a estas tierras al primer grupo de inmigrantes italianos, recorta el espacio verde de 8 manzanas, tributado por palos borrachos, lapachos rosados en flor, tipas, palmeras, eucaliptos, cipreses y chivatos. Diez adolescentes disfrutan a puro grito de la cálida jornada primaveral junto a uno de los asadores, en la isla de la Alegría del camping, que en noviembre estará mucho más agitada por la Fiesta de las Colectividades.
11.00
El parque se levanta cerca de las salidas hacia Roque Sáenz Peña e Isla del Cerrito (al norte), pero el centro de Resistencia tiene mucho para ofrecer a los visitantes primerizos. La combinación entre la arquitectura de la ciudad (algo desproporcionada en la mole de 9 pisos de la Casa de Gobierno), especies de flora del bosque chaqueño y magistrales obras de escultores parece una lucha de colosos en la plaza 25 de Mayo. A través de "Plegaria", "Inmaculada" y "San Fernando", vislumbro el incomparable talento de Fabriciano Gómez. Por su parte, Raúl Monsegur dejó un mural que representa paisajes, usos y costumbres de Chaco debajo de una pérgola cubierta por una santa rita. También deslumbra "Loba romana", el primer monumento de la ciudad (de 1918), que homenajea a los pioneros italianos.
12.00
Es casi un descuido imperdonable no comprar nada en La Pérgola del Artesano. Algunos artesanos venden canastos de totora con manija de hoja de palma, cerámicas horneadas, máscaras y collares. Otros puesteros venden trabajos en cuero y en madera.
13.00
Un inusual aire fresco recorre la ciudad, como para inducir la elección en el restaurante Don Abel: una soberbia picada de quesos y salame criollo, matambrito de cerdo relleno con salsa de hierbas y batatas fritas, y el infaltable postre de mamón en almíbar con queso casero. Después de una hora de degustación y charla amena, las energías quedan más que repuestas.
15.00
Una caminata por las cuatro cuadras de la peatonal Perón es suficiente para retomar el ritmo del paseo. Es la hora de la siesta para muchos, aunque quedan familias portando termos que toman tereré y parejas que disfrutan de un helado junto a canteros con flores de colores llamativos, a la sombra de palmeras.
17.00

La admirable sensibilidad artística de los chaqueños concibió un impactante mural que recuerda la Masacre de Margarita Belén, para transformar en un espacio digno la antigua Brigada de Investigaciones de la Policía de Chaco. La obra fue realizada por Amanda Mayor de Piérola, madre de una de las 22 víctimas fusiladas en 1976. En 2006, esta casa -donde entre 1976 y 1978 permanecieron detenidas alrededor de 2 mil personas- fue reconvertida en Museo de la Memoria.
18.00
En la Casa de las Culturas, el entorno de la plaza 25 de Mayo vuelve a llenarse de colores vivos. Tal vez el tercer piso, donde funciona el Museo de Bellas Artes, reúna lo más atractivo. Entre la colección de 700 dibujos, pinturas, esculturas, grabados y fotografías, brillan cinco obras de Milo Lockett, un artista reconocido en Resistencia (su lugar de origen) y mucho más allá de los límites de la ciudad y la provincia. En la planta baja, admiro las artesanías de las culturas wichí, toba y mocoví, durante un rato casualmente musicalizado por el ensayo de la Orquesta Sinfónica de Chaco.
21.00
Los más jóvenes empleados del hotel Amerian me recomiendan tomarle el pulso a la noche de Resistencia en el bar Alfonso, en el restaurante Clover o en el pub del restaurante Cruz. Pero la fiesta nunca arranca antes de las 23 y, a cierta edad, el sueño acecha. A punto de clausurar la jornada, descubro una propuesta más sencilla, cálida y familiar, que se enciende bastante más temprano en la Peña Nativa Martín Fierro. Los carteles anuncian asado y empanadas, pero el galeto y el locro no se quedan atrás. Me conviene cenar sin desbordes porque se viene el baile, animado por Los Paisanos, Los Crespines, Fibra del Litoral y Gualumba.
Segundo día
8.00
Ya era hora de probar el mentado "mejor chipá de Resistencia", la mejor carta de presentación de la Confitería San José. Los mozos no largan ningún secreto sobre esta exquisitez que elaboran los propios dueños y se limitan a desafiar: "Usted compre chipá en otros lugares y después me dice". Un licuado de durazno completa el desayuno, que, por suerte, no despierta la pretensión de salir a catar para comparar.
9.00</h6>
Desborda de cultura El Fogón de los Arrieros. En el frente de la casa se superponen esculturas con carteles que poco ayudan a entender de qué se trata este rincón legado a la sociedad por Aldo Boglietti ("Prohibida la entrada con ruleros", "Detén pasajero tu camino, abre la puerta y pasa"). Adentro no queda resquicio a la vista: las vitrinas desbordan de objetos personales, instrumentos musicales y libros, y fotografías y pinturas cubren las paredes. El inquieto Boglietti fue el principal impulsor de Resistencia devenida en "La ciudad de las esculturas". El polo cultural que creó aquí en 1944 tuvo otros dos sólidos pilares: su esposa Hilda Torres Varela, doctorada en Letras en La Sorbona, en Francia, y el artista Juan de Dios Mena. Este faro que brillaba a toda hora atrajo -entre otras celebridades- a Borges, Marcel Marceau, Emilio Petorutti, Jorge Romero Brest, María Fux, Ariel Ramírez y René Favaloro.
10.00

Los vaivenes de la historia local son contados a través de una clase magistral por Eduardo Kasibrodiuk, en el completo Museo del Hombre Chaqueño. El director se apasiona y subraya varios hitos: la creación de la Gobernación de Chaco (después de la Guerra de la Triple Alianza 1865-70), la provincialización en 1951, la historia de 4 mil años escrita por las civilizaciones qom, wichí y mocoví y la corriente inmigratoria italiana de Friuli, a partir de 1878.
11.00
El circuito histórico se completa con el Museo de Ciencias Naturales Schulz, creado en la vieja estación del Ferrocarril Santa Fe. A falta de locomotoras, vagones y pasajeros, la soberbia construcción de 1907 ahora alberga salas de Paleontología, Aves, Tierra y Cielo, Insectos Sociales y Biología de los Humedales.
12.00
Esta vez, la confitería San José acaricia el estómago con una empanada de jamón y palmito y termina de reponer fuerzas con un lomito completo, magníficamente coronado por el quebrachito, un manjar con forma de cubanito, relleno con helado de dulce de leche y bañado con chocolate.
15.00
Por la avenida Sarmiento, una compacta caravana de autos y camionetas parece alargarse aún más por las cañas de pescar que sobresalen. Avanzan hacia Isla del Cerrito, en procura de dorados y surubíes en la desembocadura del río Paraguay en el Paraná. Por ahora, desairo la más insistente sugerencia de los chaqueños, para conocer una capilla con fachada de castillo medieval levantada en un monte natural virgen. Luis Fauré señala los senderos con mesas y bancos que bordean quebrachos colorados, güirá pitáes, algarrobos, aromitos y lapachos. Absoluta serenidad reina en este páramo, donde el dueño ofrece unos mates, envueltos por la melodía de una pequeña cascada. El interior del templo brilla por las blanquísimas paredes y las manchas de colores del sol, que se cuela por tres vitrales.
17.30
A 20 km de Resistencia, una lancha dibuja un surco en las quietas aguas del riacho Antequera. En pocos minutos, el ancho cauce del Paraná deshace la costa de arcilla, lodo y camalotes y sacude el puente General Belgrano -que une Chaco con Corrientes-, los frágiles botes de madera de los malloneros (pescadores con red) y un barco arenero. Por el riacho Barranqueras, el timonel Gustavo tiene el tino de apagar el motor para poder apreciar los monos carayá que andan a los saltos en la selva en galería y los yacarés que resbalan sobre la orilla. Después, el paso veloz de la embarcación levanta surubíes, machetes y bogas en el aire.
22.00
El final no podía ser mejor. Puertas adentro de la antigua casona del restó Coco's, el ambiente del comedor, entre puertas y ventanas con celosías y postigones, vitrales y cortinas de hilo blanco, parece una extensión de la casa propia. Con una entrada de mozzarella al orégano, croquetas de surubí al roquefort con puré de papas al verdeo y budín de manzana con crema, Resistencia me despide a cuerpo de rey y me arranca -sin esfuerzo- una convincente promesa de volver.

ECUADOR: QUITO: 48 Horas.

48 horas en Quito
A 2.850 metros sobre el nivel del mar, la capital de Ecuador ostenta el mayor y mejor conservado centro colonial de América. Buena gastronomía, la "mitad del mundo" y el arte de Guayasamín.
48 horas en Quito Suele considerarse a la iglesia La Compañía, de estilo barroco y con retablos y púlpitos recubiertos de panes de oro, como la más bella de América Latina. Fue construida por los jesuitas.

48 horas en Quito
Desplegada de sur a norte a lo largo de la hoya del Guayllabamba, un valle entre montañas y volcanes, y a unos pocos km de la mitad del mundo, la ciudad de Quito, capital de Ecuador, es sin duda una de las más bellas de América Latina. A 2.850 metros sobre el nivel del mar, en medio de los Andes y vigilada de cerca por varios volcanes, Quito exhibe un clima "primaveral todo el año", según sostienen quienes la habitan, y una cultura típicamente serrana, aunque en ella se mezclan, quizás como en ningún otro sitio, las costumbres de las sierras con las de las dos otras zonas del país: la costa y la selva amazónica.
La altura, es cierto, exige cierta prudencia inicial a la hora de caminar o programar actividades. "El primer día hay que comer poquito, caminar chiquito y dormir solito", suelen decir aquí, a modo de consejo para no sufrir efectos indeseados por la altura. De todos modos, un fantástico centro histórico, con decenas de iglesias y vistosos edificios coloniales, las calles llenas de vida, una gastronomía muy sabrosa, activa vida nocturna y el legado de un artista como Oswaldo Guayasamín, obligan a salir a la calle, pasear y disfrutar. Por ejemplo, con el recorrido que aquí se propone, uno de los tantos posibles en la capital ecuatoriana.
PRIMER DIA
9.00
Quito tiene el centro histórico más grande de Latinoamérica, que fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1978 y conserva numerosos edificios históricos y casonas coloniales recuperadas. En torno a la céntrica plaza Independencia, o plaza Grande, el centro de la ciudad atesora la impresionante cifra de 43 iglesias, y es imprescindible visitar al menos algunas de ellas. Empezando por la más grande del centro histórico, la Basílica del Voto Nacional, en estilo neogótico y con esas gárgolas tan particulares: en una zona, animales de Galápagos iguanas, delfines, tortugas-; en otro lado, animales de la selva -osos hormigueros, pumas, monos-; en otro, aves típicas de un país con gran variedad de aves.
O
tro punto es la catedral, frente a la plaza, y a su lado la muy interesante iglesia El Sagrario, construida por y para los indígenas. Una opción para desandar este recorrido es caminar la famosa "Calle de las Siete Cruces" -un antiguo camino indígena que vinculaba a dos cerros sagrados, en el que luego se levantaron siete templos cristianos- o simplemente dejarse llevar por la ciudad, sin perderse hitos como la iglesia Compañía de Jesús se dice que es la más bonita de toda América Latina-, el Arco de la Reina, el Centro Cultural Metropolitano y el Museo de la Ciudad. Por allí está también el Parque de la Alameda, que no tiene álamos pero sí el observatorio astronómico más antiguo del país -de 1886- y la Laguna de los Enamorados, a la que los novios van a dar vueltas y vueltas en bote. "Hasta que ella les diga que sí", cuentan los guías.
13.00
Entre los muchos restaurantes donde se puede degustar la más que sabrosa cocina ecuatoriana, están los del histórico hotel Plaza Grande o el encantador El Rincón de Cantuña, en el elegante hotel Patio Andaluz, ambos en pleno centro, sobre la calle García Moreno, ex Calle de las Siete Cruces. No es fácil elegir un plato en la variada cocina quiteña -que reúne sabores típicos de la sierra, de la costa y de la selva-, pero vaya sabiendo que no debería irse del país sin haber probado una fritada -cerdo y plátano fritos, entre otros ingredientes-, una fanesca -la sopa emblema del país- o un ceviche. Si desea disfrutar de una buena vista del centro desde cierta altura, puede ascender hasta el restaurante El Ventanal, en la cima del barrio de San Juan (poco más arriba de la Basílica del Voto Nacional). Y para una opción súper elegante, Mea Culpa, el restaurante ubicado en el edificio del Palacio Arzobispal, frente a la Plaza Grande.
15.00
En su recorrida por el centro, más de una vez habrá levantado la vista y visto allí nomás, en la cima de un cerro, una enorme virgen alada. Es la Virgen de Quito, en la cumbre del cerro Panecillo por eso más conocida como la Virgen del Panecillo-, que se alza en el punto que en otros tiempos fue un sitio indígena de adoración del sol. Desde allí se obtiene una excelente panorámica de todo el centro histórico, justo a los pies, y de los barrios circundantes, que trepan los cerros a modo de coloridas barriadas. Desde el centro se puede subir por escaleras, aunque por la altura -el Panecillo está a 3.100 msnm-, y por seguridad, se recomienda hacerlo en taxi. Es un trayecto muy breve y económico.
17.00
La llaman "la Calle de la Nostalgia", y son unos pocos metros entre el Museo de la Ciudad y el templo de Santo Domingo. La Ronda fue, en épocas prehispánicas, un lugar de encuentro junto al río, y durante la Colonia, un barrio orillero que con el tiempo recibió a músicos, artesanos, trabajadores. Luego de un período de decadencia, esta calle, una de las más antiguas de Quito, fue recuperada, y hoy es un centro que ofrece buenos platos típicos, música en vivo y variedad de artesanías. Aunque es muy turística, conquista con sus estrechas calzadas de adoquines y su resplandeciente arquitectura colonial. Se enciende especialmente con la llegada de la noche, y entre su variopinta oferta incluye también a dos famosos "enderezadores de huesos", especialistas en el antiguo oficio de aplicar masajes que reacomodan huesos y articulaciones. Y son muy solicitados. Téngalo en cuenta por si requiere algún recauchutaje para seguir caminando la ciudad.
21.00
Si no se quedó a cenar en La Ronda en algún restaurante o en uno de los muchos puestos a la calle, bien puede hacerlo aquí, en la "zona rosa" de Quito, el barrio La Mariscal, con epicentro en Plaza Foch. También hay platos típicos pero el ambiente es más bien joven y muy movido, con locales de decoraciones modernas, estilo Palermo Hollywood, y música a altos decibeles. En los muchos pubs y restaurantes de la zona se puede tomar un buen canelazo, el trago caliente típico de las sierras, que lleva canela, azúcar negra, naranjilla y aguardiente. Pero cuidado, que al respecto hay un dicho: "Tres, duermes como bebé; cuatro, duermes como una piedra; cinco, no te levantas mañana".
SEGUNDO DIA
8.30

Conviene llegar temprano al elegante barrio La Floresta, y específicamente a la intersección de las calles Galavís e Isabel La Católica, donde se despliega uno de los principales mercados callejeros de la ciudad, que funciona habitualmente hasta el mediodía. Toda la enorme variedad de frutas y verduras del país -de la selva amazónica a las costas y alturas de los Andes- colorea los puestos de este mercado, en el que también se encuentran artesanías y tejidos. Los viernes, además, se suman tenderetes de frutas y vegetales en la calle. Se puede comer por unos pocos dólares y, sobre todo, saborear riquísimos jugos de frutas frescas. Puede probar, por ejemplo, un típico churro, que no es otra cosa que pequeños caracoles que se comen sólo con cebolla picada, limón y sal. Un tentempié al paso y barato, que se compra por las calles.
9.30
Sin demoras, conviene dirigirse a las alturas del barrio Bellavista -a 2.890 msnm-, donde se puede disfrutar del Parque Metropolitano Guangüiltagua, el principal pulmón verde de Quito, con muy buenas vistas de la ciudad. Pero en realidad, el punto fuerte de Bellavista es el talento de Oswaldo Guayasamín, el principal artista plástico ecuatoriano, que vivió por esta zona y dejó aquí una obra imperdible: la Capilla del Hombre, una especie de pirámide de piedra inspirada en la arquitectura incaica, que balconea sobre la ciudad y rinde tributo al americano precolombino. La que fue la casa del artista alberga hoy el Museo Guayasamín, que exhibe su obra; desde la temprana era de "La Lucha del indio" a "La Edad de la Ternura" y los lienzos gigantescos de "La Edad de la Ira". Imperdible.
13.00
Hora de visitar la famosa Mitad del Mundo, pero con un pequeño rodeo previo hasta el restaurante del hotel El Cráter -a menos de 10 minutos del lugar-, para un almuerzo sabroso y en un ambiente extraordinario: al borde del único cráter volcánico habitado en el mundo, en la reserva geobotánica Pululhaua. Disfrute de la niebla que -puntualmente- se levanta cada mediodía, saboreando una empanada de verde, una torta de maíz o una corvina en salsa de camarones y alcaparras. Para terminar con un mousse de fresquísimo maracuyá.
15.00
En la lengua tsafili, de la etnia tsáchila, Quito significa "centro del mundo", y no es difícil adivinar por qué: a sólo 14 km de la ciudad, hacia el norte, está el Ecuador; no el país, sino la mitad geográfica del planeta, o la latitud 0. Allí está el monolito que sostiene el mundo, un interesante museo geográfico y la famosa línea que divide el planeta, sobre la que es menester tomarse una foto, con un pie en cada hemisferio. Pero atención: con la llegada de los GPS se descubrió que el verdadero centro geográfico del mundo no está donde siempre se creyó, sino unos 200 metros más al sur, donde se levantó el museo privado Inti Ñan. Propone un breve recorrido por la geografía del país y, justo en la línea de latitud 0, invita a equilibrar un huevo sobre la cabeza de un clavo, y comprobar la veracidad del "efecto Coriolis": a un metro de la línea del Ecuador, en el Hemisferio Norte, el agua cae girando hacia un lado; un metro al Sur, en cambio, gira hacia el otro. Vale la pena.
17.00

Si tiene tiempo en estos dos días de recorrido, puede dedicarle un rato a obtener una buena panorámica de la zona. Queda sobre el camino de regreso desde Mitad del Mundo, y en pocos minutos puede subir por las laderas del cerro Pichincha hasta los 4.200 metros. Una buena vista de la ciudad con sus 54 km extendidos a lo largo del valle y el aeropuerto a los pies. Una opción recomendable es subir con una bicicleta de montaña -no pedaleando, claro: las cabinas del teleférico están preparadas para cargarlas-, y descender desde más de 4.000 metros por los senderos, en los que por momentos no se ve la ciudad, y la sensación es la de estar solo en medio de la cordillera.
20.00
Ahora sí, si bajó del teleférico en buenas condiciones, vale la pena terminar esta visita a Quito en el pintoresco barrio bohemio de Guápulo, que da la espalda al ruido del centro y mira tranquilamente, desde las terrazas de sus bares y cafeterías, hacia los valles de Cumbayá y Tumbaco. Una bella calle de piedra que serpentea ladera abajo culmina en la iglesia y la plaza de Guápulo, huellas del pasado colonial. Como una especie de pueblo en medio de la ciudad, Guápulo es un sitio con historia, ya que desde aquí partieron Francisco de Orellana y Gonzalo Pizarro en la expedición que descubrió el río Amazonas, y su iglesia guarda piezas coloniales de los siglos XVI y XVIII. Disfrute de sus últimos momentos en la ciudad con una cerveza fresca, contemplando las luces del valle allí abajo e imaginando la silueta eterna del volcán Cayembe, con sus casi 5.800 metros, justo enfrente.

BRASIL: SAN PABLO: 48 Horas


48 horas en San Pablo
Inmensa y multifacética, esta metrópoli brasileña convoca con sus atractivos culturales y populares. Los museos del Fútbol y de la Lengua Portuguesa, la bohemia Villa Madalena y el barrio Liberdade, centro de la colectividad japonesa. Una guía para disfrutar de dos días entre bares, compras y espacios verdes.
48 horas en San Pablo El llamado Central Park de São Paulo presenta un planetario, varios museos, gimnasio, lagos, fuentes y hasta un palacio japonés. En cualquier momento del día este parque ofrece alternativas recreativas y saludables.
48 horas en San Pablo
Repentinamente, un suave viraje y hacemos contacto con la tierra: arribamos al principal hub de Sudamérica, el más grande de Brasil y de América Latina, el aeropuerto Internacional Guarulhos-Gobernador André Franco Montoro, conocido también como Cumbica, en la metrópoli de San Pablo, la tercera más grande del mundo, una ciudad infinita.
PRIMER DIA
7.30
Es por todos conocido lo saludable que resulta un buen desayuno en la dieta diaria, pero si además es brasileño, con su variedad de frutas, se convierte en súper saludable. Así que los jugos naturales, especialmente de sandía, y las manzanas, ananás, mamones, mangos y papayas, literalmente desaparecieron en segundos. Una bandeja con varios panecillos hechos con fécula de mandioca, una harina muy fina y blanca, untados con mermelada de frambuesas para acompañar el café con un toque de leche. Saciado el apetito, el ómnibus espera presto para la visita al Museo de la Lengua Portuguesa. Ubicado en el complejo de la Estación de la Luz, contiene una exposición que presenta la historia de la dinámica de esta lengua por medio de proyecciones de videos y tótems interactivos. En el Rincón de las palabras, niños, jóvenes y adultos forman vocabularios a partir de ciertas expresiones.
13.00
Desde hace unos minutos, la curiosidad se ha convertido en guía. Y conduce sin resistencia hacia el barrio Liberdade, de aproximadamente 20 manzanas. Las calles que concentran los comercios y lugares destacados para visitas son Rua da Gloria, Rua Galvao Bueno, Conselheiro Furtado y Rua dos Estudantes. El barrio Liberdade alberga a la colectividad japonesa de San Pablo, la mayor del mundo fuera de Japón. Más de un millón y medio de personas moran en el Barrio Oriental, entre los nativos y sus descendientes. Hay mucha onda. Mucha buena onda. El tudo bom acá contagió a todos: orientales, turistas, vecinos. Aunque no se hable portugués, japonés ni inglés, uno se hace entender. Predomina la tranquilidad. No hay mambos. Fueron derogados. Sí hay masajes de shiatsu, reflexología, muy buena comida japonesa tradicional y brasileña en restaurantes y en todo otro tipo de boliche que se le ocurra. También espectáculos de taiko (tambor japonés). Antes del anochecer se encienden las lámparas suzuranto rojas. Típicas de Japón, iluminan la totalidad del barrio Liberdade. En una plazoleta ofrecen artesanías y chucherías de todo tipo. Las calles forman un paseo de compras con mercaditos y tiendas de regalos y enseres para cocinar: ollas, sartenes, vajilla, juguetes. No puede creerse la cantidad de cosas que están a la venta. Una mescolanza impresionante. Frutas y verduras, jugos enlatados, la mayoría importados de Asia, aunque también hay marcas de varias regiones rurales del interior paulista. En una esquina un puestero ofrece longan, una fruta del tamaño de una ciruelita. Por dentro es como una uva. También hay té de arroz, hongos shitake, shimeji, jaleas de porotos, bandejas de sushi, ostras frescas, muñequitas de geishas, abanicos, dragones, lámparas. No sólo hay japoneses en Liberdade. También viven allí muchos integrantes de las comunidades coreana y china. Pero continúa prevaleciendo la nipona, que ya suma más de cien años desde su llegada a Brasil.
15.30
Con distinta temática, resultan tentadoras las visitas a museos. En este caso uno deportivo. Se trata del Museo del Fútbol. Debajo de una de las tribunas del mítico estadio Pacaembú (en la lengua de los primeros habitantes de la región, los nativos tupinanbaes, significa "tierra mojada", puesto que antiguamente aquí sólo había pantanales), el mismo entrelaza la evolución del fútbol con la historia de Brasil. Las atracciones son novedosas: relatos de goles de todos los tiempos, grandes jugadas, golazos, videos y viejas filmaciones restauradas en blanco y negro que pueden verse en pequeñas salas. Una especie de flores interactivas con sus pétalos abiertos muestra en varias pantallas todos los mundiales. Y la gran atracción: el simulador de penales. También se realizan distintos encuentros. No hace mucho tiempo hubo uno donde compartieron sus "trofeos" coleccionistas de remeras de fútbol. Para la ocasión, se expusieron camisetas con distintivos originales.
19.00
San Pablo es uno de los principales polos generadores de moda. Tanto de Brasil como del resto del mundo. Recorrer la calle Oscar Freire es, sin duda, conocer una de sus principales vidrieras. Situada en el barrio Cerqueira César, la vía comercial se inicia en la Alameda Casa Branca para terminar en Doutor Arnaldo. No tiene demasiadas calles de extensión en su recorrido, pero concentra las marcas más reconocidas, tanto brasileñas como internacionales. Está considerada entre las arterias más lujosas del mundo, verdadero símbolo del poderío económico que se concentra en esta ciudad. La lozanía de la calle Freire se expande también a algunas de sus vecinas, entre ellas Haddock Lobo y Bela Cintra, sedes de importantes marcas. Hace unos años la zona se revalorizó y se produjeron reformas que mejoraron la estética visual. Más árboles y nuevo mobiliario urbano junto a un conjunto de aceras de buen diseño. Oscar Freire es, entonces, un renovado paseo a cielo abierto que se ha transformado en imperdible para los turistas.
21.00
Antes de la cena, se aprecia un diáfano cielo, de Brigadeiro le dicen los residentes, claro, muy azul, sin nubes. Es hora de probar la excursión nocturna al Acuario de San Pablo. Con una linterna especial cada visitante recorre este emocionante paseo que permite observar durante la noche las especies expuestas en el complejo. Peces, caimanes, tiburones, pingüinos y murciélagos. Los grupos se cierran con 100 visitantes cada noche y van separados en conjuntos de 10 personas acompañadas por un guía-biólogo. Esta no es una simple visita de noche al acuario paulista, sino un paseo temático en la oscuridad, a fin de conocer los hábitos nocturnos de las especies.
Nos dirigimos rumbo a un restaurante en la Vila Madalena, un barrio bohemio del centro paulista donde todos los días, sin excepción, la vida nocturna es intensa. El encanto de sus bares es acompañado por estudios de moda, centros de exposiciones artísticas, tiendas de vanguardia, además de escuelas de música y de teatro. Originalmente se lo conocía como Villa de los Harapos, por las carpas levantadas por los nativos en el siglo XVI, a las alturas de los morros que caían sobre el río Pinheiros, en el oeste de la ciudad. Con el fondo de una pared repleta de grafitis muy coloridos, unos jóvenes bajan de varios automóviles y corren contentos hacia un bar. En su interior, la versión de "Mas que nada", de Sergio Mendes, junto a Black Eyed Peas incendia el boliche. Alegre, desvelado, divertido, Vila Madalena es un sitio ideal para cenar o tomar unos tragos con amigos.
SEGUNDO DIA
8.00
Es de imaginar, no hace falta entrar en detalles; nuevamente, el desayuno. ¡Otra vez unas frutas sabrosísimas! Y la excursión al Parque Ibirapuera, un oasis completamente verde en pleno centro de San Pablo. El extenso jardín fue inaugurado en 1954 para celebrar los 400 años de la ciudad. Uno de los lugares más visitados, este paseo deportivo, cultural y artístico tiene más de 1.500 km2 y doscientas especies de aves se observan alrededor de los tres grandes lagos artificiales conectados entre sí. También es posible en su recorrido aprovechar las zonas de descanso, respirar un poco de aire puro, mientras los más deportistas disfrutan de las canchas de fútbol, andar en bicicleta o simplemente una buena caminata. No sorprende entonces ver a muchas personas paseando en bici, corriendo o practicando diversas disciplinas.
En el Parque Ibirapuera también está el Pabellón Bienal de Arte, un edificio donde se exponen grandes expresiones de arte moderno y contemporáneo. Y variadas obras de pintura, escultura, fotografía y libros de arte se exhiben en uno de los primeros museos de Arte Moderno de Latinoamérica. Formativa, instructiva resultó la visita al Museo Afro-brasileño. Un recorrido, un repaso por la evolución histórica, cultural y social de la población africana con grabados, estatuas, documentos, videos y cuadros. El Parque Ibirapuera contiene muchas esculturas y monolitos. Uno de ellos, el Monumento de las Banderas, representa a grupos de personas de diferentes etnias tirando de una canoa y simboliza su ambición de dominio sobre Brasil. Camino hacia una de las salidas se destaca un gran obelisco de 72 metros de altura. Homenajea a estudiantes y combatientes paulistanos de la revolución constitucionalista o Guerra Paulista acaecida en el año 1932.
13.30
El arraigo de las tradiciones italianas aguarda para el almuerzo en una de las cantinas del barrio Bixiga, de los más pintorescos y atractivos para los turistas en la capital estadual. El dinamismo social y cultural de Bixiga se extiende entre algunas calles cercanas al distrito Bella Vista. Formado por inmigrantes arribados de Italia, aún hoy sus límites son motivo de debate entre los paulistas. Al reconocido interés histórico de esta Little Italy se le suma la fama por ser sede de la escuela de samba Vai-Vai. Las sucesivas oleadas de estos inmigrantes contribuyeron tras la Segunda Guerra Mundial a que San Pablo pasara a ser no sólo un centro industrial, sino sobre todo comercial. Esta zona también es muy bohemia, llena de trattorías que agregan sus pizzas a un número superior al millón que se preparan cada día en toda la ciudad. Sólo Nueva York seguramente supera ese récord.
16.00
Reconocida como una de las más importantes capitales culturales de Brasil, el visitante tiene en San Pablo a su disposición más de 70 museos, además de teatros, cines, centros culturales y casas de espectáculos y conciertos. Arte e historia para todos los gustos. Los precios de las entradas -en la gran mayoría de los museos- son accesibles. Varios tienen entrada gratuita y otros reservan un día de la semana o del mes en el que la entrada es libre. Un detalle importante es que la gran mayoría no acepta tarjetas de débito o crédito, sólo cash. Una mansión construida en 1918 alberga el Museo de las Gafas Gioconda Giannini. De un total de 600 piezas, 200 están en exposición. Interesante resulta la historia de las gafas a través del tiempo. Unas del siglo XVIII, confeccionadas en China, son tan llamativas como raras. Es un retrato de la moda hasta nuestros días en lo que a anteojos se refiere. Montada para ser sólo un pasatiempo, la colección particular se transformó hoy en un concurrido paseo. Una muestra permanente que presenta las grandes tendencias. Del singular museo que todo óptico desearía conocer, la visita continúa por un sitio que no debe pasarse por alto: la sede de la orquesta sinfónica del estado de San Pablo. Ocupa el edificio que abrigó la antigua estación del ferrocarril Sorocabana en el período dorado del comercio de café y hoy, luego de un proceso de restauración que llevó varios años, se destaca por su acústica, la estructura y los detalles de su afamada sala de conciertos. Situada en pleno centro, cercana a la Pinacoteca y al Museo de Arte Sacro, la Sala San Pablo dio vida a la región
22.00
El cantante Caetano Veloso dijo que algo le sucedía cuando cruzaba las avenidas Ipiranga y Sao Joao. Lo hizo en la letra de su canción "Sampa". En ese cruce tuvieron lugar la cena y el show de despedida, en el mítico bar Brahma. Allí, cada noche, presentan su repertorio solistas y conjuntos brasileños de todas las épocas. Dependiendo del nivel y fama del artista es el precio de la entrada. Un sitio divertido, con lugar para bromas, risas y disfrutar por ejemplo de Blue Gardenia, interpretado por Cauby Peixoto. Y para que se evaporen 19 chopps Blacks y quinientas noches. La bonita auxiliar de a bordo se transforma en una dama seria que manda abrochar los cinturones y apagar los aparatos electrónicos. La aceleración conlleva el aumento del ruido de las turbinas y el Boeing despega. El decolaje es perfecto. La inversión de los factores produce que se comiencen a ver por las ventanillas cada vez más lejanos y pequeños los edificios, las casas, los autos. Ahora son apenas puntitos luminosos. El autódromo, los puentes, los aviones semejan unos juguetitos. La metrópoli de San Pablo, la tercera más grande del mundo, una ciudad interminable

CHILE: SANTIAGO: 48 Horas.

48 horas en Santiago de Chile
Historias, barrios, museos y sabores que entretejen un reocrrido por los mayores encantos de una ciudad que crece entre cerros. El centro histórico, la casa de Neruda y la vida nocturna.

Ahora, atesorar este instante, desde la ventanilla del avión: la vista del Aconcagua, su fisonomía desordenada, imponente, sobre los seismiles (picos de más de 6 mil metros de altura) que lo rodean, la Cordillera infinita, una mañana espléndida, minutos antes de arribar a Santiago, Chile.
PRIMER DÍA
8.00
La salida del aeropuerto internacional Comodoro Arturo Merino Benítez, en Pudahuel, a pesar de la hora "punta" (hora pico) se torna un paseo. Durante el recorrido de casi 27 km hacia el Casco Antiguo se observan llamativos y pintorescos automóviles de origen chino, coreano y de la India. El giro de un semáforo en la Alameda, nombre completo Avenida Libertador General Bernardo O'Higgins, permite el rápido escape en busca del desayuno en la avenida Brasil, en el bohemio barrio homónimo. Una pegada: desde la mesa del Plaza Café (Av. Brasil 221) se alcanza a oír el elogio de unos paseantes sobre los precios y las comodidades de los hostels de esta zona y de la cercana Shungai, mientras pequeños sorbos alargan el disfrute del café a la naranja, que alguien recomendó en Buenos Aires.
10.30
Ahora, hacia la comuna de Providencia. De ubicación cercana al centro de la Región Metropolitana, sus barrios verdes se entremezclan con áreas residenciales y comerciales. Entre las hojas de los plátanos orientales -cuya plantación se atribuye a que su sombra es muy valiosa los días de calor, y porque no necesitan tanto riego-, se ven correr las aguas del río Mapocho (del mapudungún mapuchuco, "agua que penetra la tierra"). Su nacimiento se produce en el sector del cerro El Plomo, en los Andes. "En el río Mapocho mueren los gatos y en el medio del agua tiran los sacos, pero en las poblaciones con la tormenta hombres, perros y gatos es la misma fiesta?", le cantó Víctor Jara. Cuando arribaron los españoles desde el Alto Perú, los habitantes originarios aconsejaron a Don Pedro de Valdivia que se instalara con sus huestes en el valle de este río. Así fundó, en un cerro llamado Huelén, la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura, el 12 de febrero de 1541. Actualmente, el cerro se denomina Santa Lucía y está ubicado en pleno corazón santiaguino. Se forma en su torno desde la Plaza de Armas, el Correo Central, la oficina del alcalde, el Museo de Historia y el Palacio de la Moneda, una suerte de tablero de ajedrez. Por lo que se aprecia al recorrer el bello y florido cerro hasta la cima, varias jóvenes parejas lo tomaron como símbolo de su juramento de amor. En una roca inclinada que se resiste a desprenderse alguien pintó "Analía sos mi locura". Si el amor se cae, cae todo a su alrededor. Hay hasta un castillo donde se realizan fiestas y ceremonias matrimoniales. El cerro de Santa Lucía, el Cerro de los Enamorados.
15.00
El tardío almuerzo es en Lando (Av. José Manuel Infante 1020), un restaurante peruano que llama la atención con un pejesapo que no supera los quince centímetros. Tan feo como delicioso, es el comentario. Le siguen mariscos, tiburón mako -parecido al pez espada, pero más rosado- y salmón al vapor. El sommelier da a catar varias cepas de distinta coloración y procedencia. La opción elegida es un vino chileno producido en Santa Cruz, en el cercano valle de Colchagua. Tiene una denominación particular. Se llama Chamán. Un cabernet sauvignon intenso, como las danzas que, mientras tanto, interpretan jóvenes ataviados con la típica vestimenta del huaso chileno en un show folclórico tradicional. Dedican varias cuecas y son acompañados por guitarristas y la voz potente de una cantante.
20.00
Se hizo casi de noche y no hay tiempo para llegar al Centro Cultural "Gabriela Mistral". Tal vez mañana. A la salida de una de las estaciones del moderno subte, se opta por una caminata para conocer el pintoresco barrio Lastarria, un pequeño oasis urbano. También llamado de Bellas Artes, encontró su desarrollo a mediados del siglo XIX, con la construcción de la Parroquia de la Vera Cruz. Cuando fue terminada, en 1857, varias familias se instalaron a su alrededor. Más adelante, vivieron en el barrio intelectuales y artistas reconocidos de Chile. Hace pocos años la iglesia fue restaurada y se la declaró monumento histórico. Los jueves, viernes y sábados, desde la calle Rosal hasta Merced funciona una Feria de Antigüedades y Libros. En este sector hay un conjunto de cafés, bares, librerías, tiendas de diseño, galerías de arte y centros culturales. Algunas calles aún conservan sus adoquines originales. Hermoso sitio, con buena luminosidad. Un anuncio grafitero con el fondo de un original dibujo reza: "Fuera de la tierra no hay tierra como la nuestra". Tradición y tintes modernos tornaron esta zona céntrica muy particular.
23.00
En el anochecer de un día agitado se toma en cuenta la recomendación de una publicidad: no pesan los años, pesan los vicios. Así que la visita nocturna al barrio Bellavista, uno de los más emblemáticos de Santiago y frecuentado por la bohemia local y turistas extranjeros, se piensa tranquila. Es muy pintoresca la zona. Su máximo exponente es la Casa Museo La Chascona (Fernando Márquez de la Plata 0192), vivienda que perteneció al poeta Pablo Neruda. La casa tiene la forma de una embarcación y es patrimonio cultural. Hay muchos pubs y establecimientos gastronómicos de nivel. Se encuentran sobre la calle Constitución, en la intersección de Dardignac y Mallinkrodt. Y en el patio, una especie de corazón de manzana llamado también Bellavista, donde se levantan ferias de artesanías y casas de regalos. Si bien se transita en plena movida noctámbula, el barrio Bellavista ofrece una gran actividad cultural durante todo el día. Pero es a estas horas cuando el panorama es colorido, ya que las paredes se tornan muy atractivas bajo las luces de los reflectores. Además, centros artísticos exponen variedad de obras y abarcan todo tipo de géneros. En un ambiente muy relajado donde una banda interpreta jazz, tientan unas pequeñas porciones de sushi. También empanadas de pino, una empanada típica de aquí rellena de carne, pasas, huevo, cebolla y aceituna. Todo exquisito en este gran patio. Y bueno, un par de copas de auténtico pisco sour y basta por hoy.
SEGUNDO DIA
9.00
Despertar con la maravillosa vista de la Cordillera penetrando la ventana de la habitación y desperezarse bien. Extender y estirar los miembros, sacudir la modorra y librarse del entumecimiento. Ahora, un buen jugo natural de naranjas exprimidas, varios kiwis y frutillas. ¡Qué saludable! Un café prieto bien calentito y a caminar por la zona cercana, en el barrio La Dehesa, uno de los sectores más exclusivos, en la comuna Lo Barnechea, al noroeste del casco urbano de Santiago. Los santiaguinos compiten a ver quién tiene el barrio más limpio y bien mantenido. Este además es muy florido. Deambulamos entre senderos y jardines con flores de variados colores
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11.00
En la antigua sede del Palacio de la Real Aduana está el Museo Chileno de Arte Precolombino. Una muy buena decisión visitarlo. Es que la variedad de alternativas obliga a optar. Su inauguración data de 1981. Actualmente posee piezas que además de su valor artístico-cultural son muy bellas. Bellísimas. La muestra que ofrece cubre desde los inicios del arte cerámico y textil de América hasta la llegada de los conquistadores europeos. Trata de representar la diversidad de los pueblos precolombinos sin restricciones. La colección incluye piezas hechas en cerámica, metales, fibras textiles, plumas, piedra y madera. El museo está en pleno centro, a pasos de la estación de subte Plaza de Armas y cuenta también con una biblioteca y archivos audiovisuales.
13.30
A apenas cinco cuadras, en las calles San Pablo y 21 de Mayo, se ubica el famoso Mercado Central. La recorrida exploratoria de este increíble lugar sucede mientras los mozos de todos los restaurantes tientan con ofertas. La opción es El Galeón (local 26 y 80 del Mercado Central) bien en el medio, frente a puestos de verduras grandes y multicolores. Aunque había sitios, ahí mismo, más finos y reservados, un poco de bullicio con cantantes y música incluidos es bienvenido. A una sabrosa entrada de camarón ecuatoriano le sigue un plato de corvina cancato (con queso, tomates y especias). Podría haber sido la denominada corvina pacífico que viene preparada con dulce de jaiva con zuchini al oliva. O las albacoras australes que les trajeron a unas chicas mexicanas que estaban en otra mesa. ¡Tenían una pinta! Y vienen con centollas. Pero bueno, hay que elegir. Esta vez, nada de escatimar. Un sauvignon blanco, Casillero del Diablo; otro más. Ya en la sobremesa y contando chistes, una mousse de mote con huesillo -refrescante y tradicional postre de Chile- y sí, un bajativo, pero el nombre y la cantidad quedan en secreto.
16.00
Luego de recorrer unos minutos la peatonal Ahumada y de tomar fotografías en el Paseo de las Delicias, un taxi y al Parque Metropolitano de Santiago. El conductor afirma que el parque abre todo el año y que la vista desde la cima es muy hermosa. Más tarde llegaría la comprobación. Sobre la finalización de la calle Pío Nono se ubica el funicular que permite el ascenso hasta uno de los puntos más elevados del parque, el cerro San Cristóbal. Desde allí se puede apreciar un amplio panorama de la ciudad. A medida que se efectúa el recorrido cambia el paisaje permanentemente. Cientos de ciclistas y paseantes se movilizan por todo el parque. Está muy bueno. Se presenta un camino que conduce a la estatua de la Virgen María, que se levanta en la cima. Creyentes con vestimentas de distintas congregaciones dan un marco singular al lugar. Este cerro, el San Cristóbal, se halla a 880 msnm y posee una altura de 280 metros. Es el segundo punto de mayor altura de Santiago de Chile. El primero es el cerro Renca. El Parque Metropolitano de Santiago es el parque urbano más grande del mundo, con más de 722 has de extensión. Las actividades son numerosas. Se puede alquilar bicicletas, ir al zoológico. Se realizan sesiones de gimnasia gratuitas llamadas Gimnasia Entretenida. Conciertos y exposiciones. Un Centro de Educación Ambiental brinda información sobre el tema. Lugares para picnic. En el sector denominado Tupahue está el Jardín Mapulemu, con variedades de la flora chilena. En el parque también funciona un teleférico, el Oasis, pero está en reparaciones. Al término de la excursión, el circuito desemboca en el barrio Bellavista. Una buena ocasión para adquirir algún souvenir. O sólo llevarse un artículo de cuero o platería de cualesquiera de los puestos de venta de artesanías. Tal vez un lapislázuli como joya o simplemente por la calidad de la piedra.
22.30
En una calle llamada Vitacura se esparcen varios locales de gastronomía, bares y algunas discotecas. La zona es elegante y atractiva para pasar un rato ameno. El paseo hace que los jóvenes empujen hacia un boliche, Las Urracas (Vitacura 9254). El lugar tiene un sector lounge, donde se puede cenar. La carta es internacional. Una larga barra en la terraza da una vista piola del boliche. Pasada la medianoche la intensidad de la música aumenta a la par del ritmo corporal de los bailantes. Unas pantallas gigantes reproducen la movida. Hay que decir que la iluminación y el audio son excelentes. Pero el vuelo de regreso a Buenos Aires parte temprano. De modo que después del show, el último brindis y despacito hacia la salida.

ARGENTINA: CORDOBA: 48 Horas

48 horas en ciudad de Córdoba
Un completo recorrido por la capital provincial y lugares cercanos, como Alta Gracia. Las iglesias y los museos, los sitios históricos, los cafés y los nuevos paseos de compras.

Hace tiempo que la ciudad de Córdoba dejó de ser aquel "claustro encerrado entre barrancas", como la definía Sarmiento, pero algo de todo eso persiste en el recuperado casco histórico, cuyo eje es la Plaza San Martín. Una pintura del italiano Honorio Mossi, que se puede ver en el Museo Superior de Bellas Artes ubicado en el Palacio Ferreyra, "Córdoba en el año 1895", muestra la ciudad desde lo alto y hacia el sur, con el ojo puesto en "la calle ancha" que hoy es el eje de las avenidas General Paz y Vélez Sársfield. Están los límites que siempre ciñeron a Córdoba: el río Suquía al este y al norte, las barrancas al sur y el arroyo de La Cañada al oeste. Una foto panorámica de Manuel Pascual, "Córdoba en el año 2010", tomada desde el mismo ángulo que el pintor Mossi, permite ver cuánto cambió todo: la ciudad tiene ya dos millones de habitantes, es un paisaje de torres vidriadas, bordeadas por el asfalto y las aguas de La Cañada. Hacia el año 1920 el barrio Nueva Córdoba abundaba en palacetes elegantes -allí está, por caso, el Palacio Ferreyra- alrededor de la Plaza España y el Parque Sarmiento. Pero cambió desde 1950 con la nueva Ciudad Universitaria: hoy, los 160.000 estudiantes anuales que recibe la ciudad explican el auge de los nuevos edificios, bares y discotecas sobre la calle Rondeau.
El sueño de hoteleros y funcionarios es que algunos de los 350.000 turistas anuales que llegan permanezcan aquí al menos tres noches. Con ese plan se mejoraron las conexiones aéreas: hay vuelos diarios desde Buenos Aires, y conexiones directas con Brasil, España y Chile. Algunas cadenas hoteleras se están instalando en el casco antiguo, por donde ya se pasean los "policías turísticos", gente joven con dominio de idiomas. Aquí, un programa de 48 horas para disfrutar de la capital provincial y alrededores.
Primer día
08.00
El ritual del desayuno es en el "Bar Sorocabana", en la esquina de San Jerónimo y Buenos Aires: un café con medialunas. Este bar es un emblema cordobés, abierto las 24 horas ante la Plaza San Martín.
09.00
La Plaza San Martín es el corazón del casco antiguo, fue Plaza Mayor de Córdoba en tiempos coloniales. Acá se hacían corridas de toros y el gobernador Sobremonte puso las primeras farolas públicas, en 1790. Hacia 1901 el paisajista Charles Thays plantó los lapachos, plátanos, tipas, magnolias y palmeras que hoy dan sombra. El monumento a San Martín es de 1916. Frente a la plaza está la Catedral, el Cabildo y la casa del Obispo Mercadillo. En otra esquina se ve la iglesia, convento y museo de las Carmelitas Descalzas. En el pasaje peatonal de Santa Catalina, que con sus cien metros une la plaza con la iglesia de Santa Catalina, está el Archivo Provincial de la Memoria, que recuerda en sus paredes los nombres de personas desaparecidas entre 1969 y 1983.
10.00
El blanco edificio del Cabildo, con una fachada de 15 arcadas, escaleras y salas construidas en la época de Sobremonte, hoy es un centro cultural, con un patio que guarda estatuas francesas y un pequeño shopping. Desde 1822 fue casa de gobierno, luego cárcel y sede policial hasta 1992. Se merece una visita, igual que la Catedral, de paredes color terracota. Restaurada en 2010, tiene en el atrio un curioso monumento fúnebre que reúne al general José María Paz con su esposa, Margarita Weild. Los ángeles de las torres son puro barroco americano, hay pinturas de Caraffa, el reloj es un regalo del ferrocarril inglés y el Cristo de bronce es francés. La puerta de entrada es jesuítica, tallada en cedro paraguayo, igual que la gran sillería del altar mayor.
11.00
Una caminata por la peatonal Obispo Trejo lleva hacia la Manzana Jesuítica. Allí está la famosa iglesia de la Compañía de Jesús: el techo es como la quilla invertida de un barco, una hazaña arquitectónica del año 1660. El Colegio de Monserrat tiene un buen mural y conserva partes de la imprenta jesuítica del siglo XVIII. En el edificio del Rectorado de la Universidad de Córdoba, con un patio dominado por la estatua de Fray Fernando de Trejo y Sanabria -fundador de la universidad- se conservan varios libros "incunables" jesuíticos. La sillería y ebanistería del Salón de Grados universitario, igual que la capilla española, son algunas de las grandes obras de arte local.
13.00
Un almuerzo en el "Bar Cafeto" para reponer fuerzas, justo frente a la Manzana Jesuítica. Tostados, cazuelas, tablas de fiambres, tartas. Pero además, en la "cava" del bar, hay restos de la red de agua corriente construida a fines del siglo XVIII por el gobernador Sobremonte.
15.00
Las aguas corren encajonadas por murallones en La Cañada, romántico paseo cordobés formado por un afluente del río Suquía. Bajo la sombra de las tipas, se puede andar diez cuadras por los veredones desde la céntrica Dean Funes hacia Laprida y Belgrano, eje del barrio Güemes -recuerda al porteño San Telmo- con anticuarios y casonas memorables. Los fines de semana funciona en el pasaje Revol y calles cercanas una feria, el Paseo de las Artes, con platería, telas y antigüedades.
17.00
Con sus tres naves de piedra sin labrar, la Cripta Jesuítica del Noviciado Viejo, descubierta en 1927 bajo del cruce de Colón y Rivera Indarte, es uno de los más fascinantes recorridos subterráneos. Reabierta en 1989, ahora es un salón de actos culturales.
19.00
Caminar los 2.500 metros de la "Media Legua de Oro Cultural" entre la Plaza San Martín y el barrio Nueva Córdoba, permite ver edificios históricos, museos y centros culturales. Así pasan el Teatro Real y el Teatro San Martín. Por la avenida Hipólito Yrigoyen se llega al Paseo del Buen Pastor -donde estaba la antigua cárcel de mujeres- ahora transformado en centro de arte, con capilla restaurada y sitios para comer o hacer compras. Así se llega al imponente Museo Superior de Bellas Artes ubicado en el Palacio Ferreyra, que tiene obras de Fader, Pettoruti, Malanca y Alonso. Enfrente, a la entrada del Parque Sarmiento, está el Museo Caraffa, dedicado al arte contemporáneo. Y a pocos metros, por la calle Lugones, el Museo de Ciencias Naturales. El paseo culmina en la Ciudad de las Artes, donde hay salas de exposiciones y funcionan las escuelas de cine, teatro, danza y artes plásticas.
22.00
Para los jóvenes, la noche está en los bares de Nueva Córdoba, en las calles Rondeau y Chacabuco. Para los mayores, el sitio es Alta Córdoba, con pubs en las calles Urquiza y Fragueiro. Otra opción: las peñas folclóricas. Y los restaurantes gourmet de la ciudad, al estilo de "El Papagayo" y "Casa Galán", con cocina de autor.
Segundo día
10.00
Una visita a Alta Gracia, ubicada a 35 km de la ciudad de Córdoba, puede llevar buena parte del día pero se justifica por su historia y las personalidades que allí vivieron. La estancia jesuítica de Alta Gracia, la casa museo donde vivió su niñez Ernesto "Che" Guevara y el chalet del músico español Manuel de Falla, son los tres sitios más concurridos por el turismo.
11.00
Alta Gracia nació en 1868 cuando se lotearon las antiguas tierras de la Estancia Jesuítica creada en 1643. Por eso, el casco de la estancia quedó en el centro del pueblo: la iglesia barroca, la residencia jesuítica (hoy museo) y el Tajamar, un dique de piedra que daba agua de riego para las chacras y hacía funcionar dos molinos harineros. Se pueden ver el obraje y herrería, junto a las casas de los 300 esclavos de la estancia. Santiago de Liniers compró estas tierras en 1810. La iglesia es un modelo de barroco americano, obra de los arquitectos Prímoli, Bianchi y Kraus. En el museo hay varias salas ambientadas al estilo colonial y del siglo XIX, no faltan tallas religiosas. El general Paz firmó aquí en 1830 el pacto de la Liga Unitaria y fue amigo de Juan Manuel Solares, dueño de las tierras. Ambos habrían sido masones, como lo atestigua un escudo en la pared de una sala.
12.00
El chalet "Los Espinillos" es la sede del Museo Manuel de Falla. El músico se exiló en 1939 refugiándose aquí de la Guerra Civil Española. Están sus objetos personales, su piano y varias partituras del autor de "El amor brujo". Dos pinos que se conservan como en la década de 1940 marcan la entrada del chalet "Villa Nydia", donde Ernesto "Che" Guevara vivió su infancia: el clima seco de Alta Gracia era ideal para aliviar su asma. "Villa Nydia" es hoy un museo para recorrer la vida de Guevara: hay cartas, ropas, libros, réplicas de su moto Norton 500 y su bicicleta Garelli, además de impactantes fotos, como la que muestra a la familia Guevara en las piletas del antiguo Sierras Hotel de Alta Gracia.
14.00
Construido en estilo inglés en 1908, el Sierras Hotel sigue allí aunque fue reciclado en 2006 por la cadena Howard Johnson. Es un testigo de los orígenes del turismo cordobés y vale la pena recorrerlo, antes de almorzar en el Golf Club de Alta Gracia. 16.00 De vuelta en la ciudad de Córdoba, una caminata para hacer compras en el Paseo del Buen Pastor permite sorprenderse con más arquitectura. Frente al Buen Pastor está "la otra catedral de Córdoba", la iglesia de los Padres Capuchinos: es obra del italiano Augusto Ferrari, padre del artista plástico León Ferrari. En la década de 1920 Ferrari hizo esta iglesia neogótica, que asombra a muchos por su decoración. Más al centro, en San Jerónimo 166, el Banco de Córdoba diseñado en 1887 por Francisco Tamburini deslumbra con su hall de entrada, sus vitraux y esculturas, además del museo de la moneda. Frente al Parque Sarmiento, el Palacio Ferreyra merece una visita tranquila, para ver la serie "Manos anónimas" del pintor Carlos Alonso y también para gozar del esplendor de esta mansión, réplica del hotel Kessler de París.
21.00
Se puede empezar la noche en Nueva Córdoba y luego caminar hacia la peña "El Aljibe", en Elías Yofre al 700. Ahí no faltan empanadas, carnes y un escenario representativo del folclore.

ARGENTINA: MAR DEL PLATA: 48 Horas

48 horas en Mar del Plata
Una guía con todo lo que se puede hacer en dos días, para disfrutar de esta ciudad que se renueva permanentemente. El puerto, el bosque Peralta Ramos y el Centro Cultural Victoria Ocampo.
La fiesta permanente que garantiza Mar del Plata para sus huéspedes adopta su color más intenso en verano. Pero su encanto no se apaga el resto del año. Simplemente, cambian los matices de esta multifacética galería al alcance de todos. A lo largo de más de 50 km de costa desde Camet hasta Chapadmalal, alterna playas, bosques, vendedores informales, tiendas de marcas de primera categoría, refinada arquitectura tan atractiva que deleita la vista como el mar, restaurantes accesibles a todos los bolsillos e intensa vida nocturna.
PRIMER DIA
7.00
Desde la Plaza del Milenio se advierte que, enfrente, las luces de la noche todavía titilan en el Casino. La confitería ''La Boston'' ofrece el primer gesto de generosidad, con un suculento café con leche y las más exquisitas medialunas posibles. Para despegar bien entonados, viene bien completar el desayuno con un pastel borrachito, con caramelo y ron.
8.00
La ciudad luce impecable desde un mirador que se levanta junto al Golf Club. Abajo, detrás de los silos, los guinches, las dársenas y los buques amarrados de la Prefectura, la Escollera Norte se alarga en el mar hasta casi rozar el extremo de su gemelo curvo. Hincado sobre las rocas de la Escollera Sur, Sebastián Subirana es un dechado de serenidad y paciencia: ''Acá me olvido de mi vida ajetreada en Buenos Aires. No me desespero: ya va a picar algún pejerrey, anchoa, brótola o corvina''. A pasos del pescador optimista, un centenar de lobos marinos bostezan entres las rocas.
9.00
El sol juguetea con las nubes y, por ahora, un nubarrón gris plomizo gana la pulseada, como para recorrer parte de las 25 cuadras de la av. Juan B. Justo, en las que imperan las primeras marcas textiles y fábricas de pulóveres con local a la calle. Los anuncios de ''Liquidación'', ''2da selección'' y ''Rebajas'' estimulan la caminata en procura de precios módicos.
10.30
El desarrollo industrial avanza implacable, pero la laguna de agua dulce y las lagunas interiores de la Reserva Natural del Puerto resisten, protegidas por dunas, tamariscos y paja brava. Es el hábitat de aves migratorias, roedores y crustáceos.
11.30
Van y vienen la figura blanca del yate Anamora y los buques que acercan su carga a la Banquina de los Pescadores. La tentación por el pescado fresco y las conservas amontona a los turistas ante puestitos informales. Los chicos prefieren prenderse en el espectáculo de las lanchas amarillas de madera en reparación, los lobos marinos que demandan comida y los pescadores locales (algunos marcados por las dentelladas que dejaron sus batallas contra las anchoas), que tejen sus redes a mano. La epopeya de los pioneros italianos revive en el Museo del Hombre del Puerto.
13.00
Con sólo espiar la fuente que se acerca desde el mostrador de la Taberna Baska, alcanzo a adivinar la caricia que la cazuela de mariscos y pulpo tiene reservada para el paladar. La elección fue reñida en esta tradicional esquina del barrio Puerto: los frutos de mar ganaron la compulsa frente a la chernia con salsa de camarones, un lenguado a la vasca y merluza negra grillada, con tres salsas en cazuelas de barro. Sobradas excusas para volver.
15.00
El bosque Peralta Ramos cautiva con sus perfumes agradables. Ceibos, arrayanes, pinos y palmeras brindan un halo de fantasía a la casa de té La Cabaña del Bosque y diseñan el entorno para disfrutar de melodías del Medioevo en el parque. Flores secas, sillas y mesas talladas en troncos deparan un inconfundible ambiente rústico.
16.00
A 25 km del centro, en la playa de Chapadmalal se dibujan canaletas de arena para buscar cangrejos, almejas y mejillones, mientras el océano ruge y vuelan gaviotas. Más allá del campo sembrado de girasol que despega de calles tapizadas de pasto y eucaliptos, la centenaria estación de tren de Chapadmalal es una imperdible reliquia inglesa de madera y techo de chapa.
17.00
''Una vez que el barro es pisado por 15 caballos, corto a mano 1.700 panes de adobe, viruta y aserrín por día'', explica Rubén Alberto, de los últimos fabricantes artesanales de ladrillo que quedan en Batán. Su horno a leña se empequeñece entre dos enormes canteras, de donde se extrae la piedra blanca Mar del Plata. A 10 km de la ciudad, se alternan cavas y plantaciones de verduras. El Zoo Batán prescinde de las jaulas: pavos reales, ciervos, llamas y leones (entre 127 especies) transitan la pradera a sus anchas.
18.00
Otra vez en la ciudad, las calles del barrio Los Troncos revelan la parte más aristocrática de la historia marplatense. En Matheu al 1800 emerge Villa Victoria, el centro cultural creado en la mansión de Victoria Ocampo. Villa Mitre, en Formosa y Lamadrid, es el Museo Histórico Municipal.
19.00
Un paseo relajado dispensa el barrio surgido junto al establecimiento de flores que hace un siglo instaló Pierre Chauvin. Su casa (en Mitre y Larrea) y sus tulipanes y orquídeas atraían a las damas de la alta sociedad.
22.00
Una suave brisa marina, la luna replicada en el mar y las luces del centro pergeñan una atmósfera romántica sobre la orilla de Playa Grande. Otros brillos y aromas encandilan en el restaurante Piazza de La Normandina, con un ventanal adecuado para gozar de tanto mar. Pero otras delicias desvían el foco: una abundante entrada de rabas (la porción es para tres comensales), ojo de bife, chernia a la diabla (con vino blanco, anchoas, alcaparras y especias) y mousse helado de licor bailey. Más que suficiente.
1.00
Las calles Alem, Bernardo de Irigoyen y Almafuerte están tomadas por veinteañeros entregados al predancing. En los pubs, la cerveza entretiene a hombres y mujeres producidos, antes de encarar la noche larga en Gap y el complejo Sobremonte, las discos de la av. Constitución. Me inclino por la atmósfera tranquila y las cervezas artesanales de Antares, en la zona de bares y restaurantes de Alvarado y Córdoba.
SEGUNDO DIA
8.30
En el Torreón del Monje, con reminiscencias de fortaleza medieval (un clásico marplatense como los alfajores, el faro de Punta Mogotes y el hotel Provincial) el ritual del café con vista del mar y las playas del norte tiene más sentido cuando suena de fondo la melodía de un piano. Parece el anuncio de un día agradable.
10.00
Las 600 obras de artistas argentinos que se exponen en el museo Castagnino armonizan con la elegante fachada estilo normando de esta casona, posada sobre una lomada de av. Colón y Alvear. A las piezas de Berni, Alonso y Soldi (entre otros prodigios) se suman 138 trabajos de Juan Carlos Castagnino.
11.00
La otra vereda de Colón opone una colección de caracoles, en el Museo del Mar. Los 30.000 ejemplares de todos los colores, formas y tamaños posibles son el fruto de los viajes por todos los mares habidos y por haber que Benjamín Sisterna emprendió durante 60 años. La terraza del museo permite asomarse a los tejados de Los Troncos, metidos como cuña en un rincón silencioso de Playa Grande. El mirador abarca una secuencia de chalés, interrumpida por viviendas con aires de castillo europeo y la emblemática Torre-tanque de agua.
13.00
Un lenguado al roquefort deleita el paladar en Manolo, en Playa Chica. Entre bocado y bocado, observo impávido el seductor mar turquesa. Los churros simples y con crema pastelera, dulce de leche y chocolate justifican cualquier ''esfuerzo económico''. Además, es una licencia para estimular la excursión a las afueras de la ciudad.
15.00
Un paisaje rural regocija la vista, mientras la Av. Luro se aleja del centro y muta en la ruta 226. A 12 km de la ciudad, una capilla y ranchos reconstruidos con adobe y techo de chapa recrean la Reducción del Pilar de los jesuitas, junto a la Laguna de los Padres. Es hora de un picnic a la sombra de un eucalipto.
17.00
Seis km al norte, Sierra de los Padres es un resguardo del aire perfumado de la serranía de Tandilia. Desde el colectivo 717 distingo más casitas y parcelas cubiertas por cultivos de frutas y hortalizas sobre la falda verde del cerro. Los atractivos empiezan a desplegarse bastante antes de llegar al arco de entrada. Prefiero bajar y avanzar a pie, sin apuro: empiezo por los puestos de artesanías y frutas y verduras recién cosechadas, sigo por La Casa de los Pavos Reales y el Zoo El Paraíso. Ya en la cima, me deleitan la sierra y la laguna fundidas en una panorámica inmejorable.
20.00
Me despido con un carré de cerdo a la naranja, tomillo y miel, rodeado por el bucólico paisaje de La Victoriana. Dos horas después, Mar del Plata parece no estar dispuesta a aquietarse. Esta vez, la ciudad que se reinventa una y mil veces renueva su romance con la luna y el mar. El aire de mar es una de las claves secretas del atractivo de mi ciudad, que se disfruta todo el año, aunque es en otoño cuando brilla en todo su esplendor. Un siglo atrás, la clase alta descubrió en estas playas un lugar tan seductor como San Sebastián y Biarritz. En Los Troncos se aprecia mucho de esa Mar del Plata señorial. Nada me conmueve más que un paseo nocturno por la rambla, con el mar sólo iluminado por la luna.