Tenerife, la isla española que parece del Caribe
Tierra de corsarios y navegantes, reina el verano durante todo el año, con buenas playas, volcanes, windsurf, casas coloniales y ritmo tranquilo
SANTA CRUZ DE TENERIFE.- En esta época del año, Tenerife se convierte en un cálido refugio para los europeos que huyen de los cielos grises y de las calles heladas. Bañada por las aguas del Atlántico, frente a Marruecos, la isla ofrece mucho más que reposeras al sol todo el año: convoca -por la herencia grandes navegantes y corsarios- una espectacular geografía, de origen volcánico que aloja el pico más alto de España , El Teide (3718 metros sobre el nivel del mar) que es nada menos que la tercera estructura volcánica y voluminosa más grande del mundo, después del Mauna Ioa y el Mauna Kea en Hawái. Junto a otra particularidad que funciona como un imán para los más aventureros: mucho viento en el Sur, para remontar tablas de windsurf y kitesurf.
La animada Tenerife es la más extensa y poblada del archipiélago canario (junto con El Hierro, La Gomera y La Palma, conforman la provincia de Santa Cruz de Tenerife, mientras que Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote integran la provincia de Las Palmas).
"Y este acento suena caribeño", puede pensar el visitante en su primer intercambio de palabras con los canarios. El acento musical, tan suave y alegre de la recepcionista del hotel de Santa Cruz, es idéntico al de una venezolana. Pero, error. La mujer era una auténtica canaria. Las comparaciones con la cultura caribeña, acompañan paso a paso, durante toda la estancia, entre sus casas coloridas, de claro estilo colonial, en los restaurantes, comiendo ropa vieja, mientras suena salsa de fondo. Es que el archipiélago fue un puente para los navegantes que viajaban entre Europa y América. El intercambio cultural fue muy intenso. Desde el primer viaje de Cristóbal Colón, sus pobladores fueron instalándose preferentemente en Cuba, República Dominicana, Venezuela, Puerto Rico y Uruguay. En el Caribe identificaban a los canarios como los isleños. Los viajes de ida y vuelta, a través del tiempo, fueron modelando las semejanzas.
Cinco siglos de historia
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San Cristóbal de la Laguna, antigua capital de Tenerife, tiene más de 500 años de historia, cuando en 1494, el hidalgo conquistador castellano-andaluz, Alonso Fernández de Lugo incorporó la isla en la Corona de Castilla. Su casco histórico de estilo colonial, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999, se caracteriza por carecer de murallas y por atesorar en monumentos de tipo religioso, como su imponente Catedral, de fachada neoclásica, rodeada de palmeras.
En el noroeste de la isla, a 545 metros sobre el nivel del mar, es la segunda ciudad más poblada de Tenerife, después de Santa Cruz, de cara al mar. Si se llega en avión al aeropuerto Tenerife Norte, el casco está de camino. Vale la pena detenerse y perderse por sus callecitas con casas de colores y encanto colonial. Pero no todo rinde culto al pasado. San Cristóbal continúa siendo un centro intelectual del archipiélago. Allí funciona el hospital Universitario de Canarias y el Instituto de Astrofísica de Canarias, que aprovecha la calidad de sus cielos.
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Santa Cruz, la ciudad portuaria y capital de la isla, es famosa por sus carnavales, uno de los más espectaculares del mundo.
Los tinerfeños se preparan todo el año para lucir sus trajes. Durante el Carnaval la ciudad no descansa. Festeja día y noche, con bailes y agrupaciones de inspiración caribeña que se reparten por toda la ciudad. Hay desfiles de carrozas, murgas de adultos y otras de niños, desfiles de caballos. Junto con la elección de la reina, hay otras tradiciones que se celebran año tras año, como El Entierro de la Sardina, el miércoles de Ceniza, que no es más que una parodia de un cortejo fúnebre que simboliza el entierro del pasado, los vicios y la locura que los domina durante esos días de Carnaval. La sardina gigante, de piedra y cartón, es realizada por los presos de la cárcel Tenerife II
En menos de un día, el centro puede recorrerse a pie. El corazón de la ciudad es la Plaza de España, con su fuente hecha en mármol, frente al Paseo Marítimo. Fue construida sobre el castillo San Cristóbal, del que sólo quedan algunas de sus murallas exhibidas en una galería subterránea de la plaza, que servían de defensa frente a los ataques piratas. Hacia un costado, se erige el monumental edificio de Correos, obra de José Enrique Marrero Regalado (1897-1956), el gran arquitecto de Tenerife, que construyó el Cabildo y el Mercado Nuestra Señora de África, donde se venden alimentos frescos y típicos canarios.
La oferta gastronómica es muy variada y como en muchos destinos, orientada al turista. Lo mejor es preguntar por el restaurante canario popular más cercano. Así se probarán a un precio razonable los sabores autóctonos, de influencias latinoamericanas, africanas y de la península española. La Bodeguita Canaria es uno de ellos (calle Imeldo Serís 18). Imperdibles las papas negras (pequeñas, de textura suave y cremosa, acompañadas con mojos rojo, con pimiento y cilantro), ropa vieja, tortilla y queso canario empanado. El lugar es sencillo, pero la comida, un lujo al paladar.
La vuelta completa
Quien quiera dar la vuelta en auto a la isla puede hacerlo en un día si se lo propone, pero lo más recomendable es hacerlo en dos, para disfrutar de cada parada. A 20 km de Santa Cruz, el pueblo La Candelaria es un lugar interesante para detenerse. De cara al mar, se encuentra la Basílica de Nuestra Señora La Candelaria, la Patrona de las Islas Canarias, que le da nombre al lugar. Detrás de la Basílica, la cueva de Achbinico, es de interés religioso y arqueológico, ya que los guanches, originarios de estas islas, rendían culto a sus divinidades y después de la conquista castellana (1496), por primera vez, a la virgen María. Al costado de la Basílica una fila de esculturas que representan a los hombres guanches, emparentados con los bereberes del norte de África.
Unos kilómetros más hacia el Sur, el pueblo El Médano es un lugar encantador, no sólo para los amantes del surf, kitesurf y windsurf. Su playa, Leocadio Machado, flanqueada por restaurantes y locales de deportes, ofrece una postal única, por el médano gigante, la montaña roja, que se eleva a un costado. Las arenas negras, de origen volcánico, con destellos plateados, se iluminan por el sol. Hay que enterrar los pies en la arena, olvidarse del viento, que sopla con furia, y posar la mirada en el vaivén de las olas y la gran velocidad que toman los deportistas que se deslizan sobre el agua. Hay que verlo. Y en el mejor de los casos, vivir la experiencia en el agua. El Médano es sede del campeonato del mundo de kitesurf.
Bien hacia el sur de la isla, Playa de las Américas ofrece un lugar para el descanso, con todas las comodidades de hoteles de categoría, pero sin el sabor de lo autóctono. Si se sintonizan radios locales, se escuchará inglés, ruso, alemán. Es un destino orientado a turistas que buscan lugares nuevos, concurridos, discotecas y fiestas ininterrumpidas. Si se buscan actividades y bullicio, es el lugar.
Ya en la costa oeste, Acantilados Los Gigantes ofrece unas panorámicas inquietantes. Sus paredes alcanzan una altura que oscila entre los 300 y 600 metros. Imponente escenario para un pequeño pueblo que descansa a sus pies. La geografía accidentada y diversa de la isla, invitan a desplazarse por caminos de montaña, donde kilómetro a kilómetro el paisaje, y las temperaturas cambian.
A Garachico hay que verlo desde las alturas, en primer lugar, para observar su gran roque, donde golpean las olas, a escasos metros de su puerto. Es un pueblo fundado por Cristóbal de Ponte, un banquero genovés. Su puerto fue el más importante de la isla durante los siglos de esplendor, XVI y XVII. En 1706, una erupción volcánica del Trevejo sepultó gran parte del pueblo, pero resurgió de sus cenizas. Su casco histórico, adoquinado, elegante y muy bien conservado, fue declarado Bien de Interés Cultural. Seguramente darán ganas de quedarse. No hay que perderse los piletones naturales conocidos como El Caletón, formados por la lava. Como curiosidad, hay una escultura dedicada a Simón Bolívar, por sus antepasados garachiquenses.
Quien quiera más aventura, deberá organizar una visita al Teide. Se requiere tramitar online un permiso para su ascenso. Se recomienda visitarlo por la mañana temprano, o hacia el atardecer, por los colores del cielo, que se refleja en las rocas.
Datos útiles
Gastronomía. Hay restaurantes para todos los presupuestos. Un menú parte de los $ 255. En La Bodeguita Canaria hay platos por $ 100. www.bodeguitacanaria.com
Más información. www.webtenerife.com/interes/oficinas-de-informacion-turistica/ www.volcanoteide.com/es/teleferico_del_teide/la_experiencia
En Este blog encontrara descripciones de variados destinos, buscando aportar informacion, y experiencias diferentes
martes, 21 de febrero de 2017
jueves, 16 de febrero de 2017
BRASIL: MORRO DE SAO PAULO: Un conjuro bahiano
Un conjuro bahiano
El Morro de San Pablo, en el estado de Bahía, puede ser un cautivante destino final o el acceso al archipiélago de Cairú, con sus inagotables playas y postales idílicas
La apartada playa de Gamboa, en la isla de Tinharé, no muy lejos del Morro de San Pablo. Foto: Embajada de Brasil / Martín Mangudo
El Morro de San Pablo se lo pone fácil a los operadores turísticos. Playas turquesas delineadas según sus prestaciones, puestas de sol de publicidad de negronis, múltiples opciones de ocio y farra multilingüe.
Puede que los fans de toda la vida presuman en tono elegíaco que ya no es el mismo de hace veinte años. Ellos tampoco lo son, aunque ninguno tira la toalla y cada año se calzan la camisa con palmeras y tucanes y marcan tarjeta. Como otros miles que se dejan tentar por su leyenda y se dan una vuelta para comprobarla.
Probablemente volverán: según un relevamiento del Ministerio de Turismo brasileño, el Morro de San Pablo es uno de los destinos con mayor índice de aprobación y retorno del país. Por eso el Embratur, organismo de promoción turística de ese país, lo escogió entre 5570 ciudades brasileñas, muchas de ellas aptas para concurso de belleza, como uno de los destinos inductores de la Copa del Mundo 2014.
Situado a 60 kilómetros de Salvador, en la isla de Tinharé, el Morro es el escaparate principal de Cairú, archipiélago de 26 islas que conforma un book de atractivos de toda naturaleza, sean ambientales, turísticos o históricos. El Morro ya era una apostilla en los códices del siglo XVI. Hasta hoy, la pequeña villa que dio origen al municipio guarda un rico patrimonio, como la Fortaleza, la Iglesia de Nuestra Señora de la Luz, la Fuente Grande y el Faro, estos últimos registrados en el cuaderno de bitácora del emperador Pedro II durante su visita en 1859. Las calles de piedra y un puñado de caseríos también perduran como legado de aquel refulgente pasado de colonia.
Si uno llega en ferry se topará en el muelle con jóvenes que se encargan por 10 reales de trasladar en carretilla el equipaje hasta el sitio de alojamiento consensuado. La pertinencia del servicio depende de lo que uno lleve encima. La pendiente puede llegar a ser asequible sólo para apolíneos de gimnasio o incluso enclenques con bolso de mano.
Subida la cuesta, un pórtico del siglo XVII anuncia la llegada a la villa. La pieza forma parte de los pertrechos que los portugueses construyeron para enfrentar a las invasores holandeses, que en aquellos años poco tenían que ver con el prototipo sustentable de costumbres liberales.
Pasada la iglesia Nuestra Señora de la Luz, una escalinata conduce hacia la parte alta del Morro, donde el faro, que también forma parte del conjunto defensivo de la isla, marca la entrada a la bahía.
MENÚ DE PLAYAS
Arribar hasta estas costas tiene su intríngulis -entre otros vestigios de civilización, ni siquiera llegan los diarios del día-, pero una vez superado el examen todo vuelve a su cauce. El Morro se las arregla para atraer a la familia al completo, lejos del acelerador de la urbe, llámese Salvador o Buenos Aires, con un mar que reviste tanto de club náutico como de una serena villa de pescadores.
Como si hubiera sido objeto de un plan de laboratorio de marketing, el Morro se divide en cinco playas, cada una con su singularidad a cuestas. Si el Morro es uno de los mejores sitios de Brasil para la práctica de surf, la actividad se concentra mayormente en la primera playa. Pedra do Moleque recibe un oleaje del Este que alcanza su mayor poder y quiebra en un banco de corales. En su margen izquierdo, la Quebrancinha es otro de los puntos de atracción para la fraternidad de las tablas.
La segunda playa, en tanto, llama a la celebración, las batidas bahianas que cambian cada año como canción de verano y concentra además la oferta gastronómica. La tercera pide calma y es el refugio de los buceadores. La cuarta ofrece piscinas naturales y la quinta, bautizada como la Playa del Encanto, reúne la mayor constelación de arena y paisaje de trópico de la zona.
AGENDA NOCTURNA
Los que llegan en procura de verbena tienen un menú rico en fiestas improvisadas tanto como en discotecas. Bailarán en todos los idiomas y participarán de tertulias en portuñol, italiano o hebreo, ya que la región se convirtió en un destino frecuente para los jóvenes judíos que egresan del servicio militar. Tanto como para que se haya filmado en estas playas una serie de doce episodios, Malabi Express, que refleja las aventuras de un grupo de israelíes en estos parajes de la costa de Dendê.
La noche del Morro se traviste de la tan mentada brasilidade. Los restaurantes y bares que se apilan frente a la costa, los cantantes de repertorio cursi, los carritos atiborrados de aguardientes y frutas tropicales, entre todos componen una comparsa a cielo abierto que en días de alta temporada se prolonga hasta pasada la madrugada. Si hay derroche de caldo de gente, unas vueltas en primera línea de mar proveerán de recambio y alivio.
Un clásico de las convocatorias morrenses son los luaus, fiestas a beira mar que obedecen al calendario: lunes y jueves. El fixture, que puede variar según las condiciones climáticas, reparte el miércoles a los ensayos o shows del Teatro del Morro, y viernes y sábados a los boliches. Cualquiera que deambule por ahí se va a enterar sin necesidad de contraseñas ni datazos.
Al que le quede chico el horizonte, tendrá la posibilidad de salir en barco o lanchas de excursión a las islas próximas. El paseo Volta a Ilha (60 reales en temporada baja) contempla un derrotero de unas horas por los municipios de mar adentro con regreso por la tarde. También hay opciones para quedarse a hacer noche en algunas de las islas, algunas de ellas con promesas de turismo diferencial. Cuanto más lejos, más silencio.
Sin el recurso de las embarcaciones, a media hora de caminata con marea baja, se encuentra la playa Gamboa, puntal de la vela y el yate de Tinharé. Acá también son famosos los baños de arcilla, a la que le adjudican propiedades revitalizadoras de la piel. Para enjuagarse basta un chapuzón en sus aguas tranquilas y calientes. Si al regreso la marea pegó un estirón, una lancha lleva de regreso al Morro por unos 3 reales.
Muchos coincidirán en las celebradas puestas de sol a varias puntas. Una opción es la Fortaleza de Tapirandu, conocida como el Fuerte del Morro, entre 700 metros de murallas y ruinas que retozan en la costa. Otro convite es el boliche A toca do Morcego, a 60 metros sobre el nivel del mar, con los correspondientes DJ y siluetas tostadas en aceite de oliva. Cualquier tramo de la ribera oficia de platea para la llegada del crepúsculo.
Si uno continúa por la misma senda de este chill out, tras una mata de cocoteros y palmas se encontrará con el faro, que ofrece desde sus miradores una panorámica de las playas de tarjeta postal. Los guías juran por sus hawaianas que se pueden avistar delfines en el atardecer. Desde una de las plataformas, los aventurados se pueden lanzar -previo pago de 35 reales- por una tirolesa que permite llegar al mar por un atajo de 340 metros.
EL CRAC ANFITRIÓN
Si bien el destino aún no perdió su vocación bohemia y su imán como meca de mochileros, la sofisticación de sus resorts a todo trapo convive con la villa de moradores del país real. La aldea hippie de antaño mutó en los últimos tres lustros en un complejo de 120 posadas y resorts que albergan a un total de 20.000 turistas por temporada, con picos máximos en el Reveillon de fin de año y la llamada resaca de Carnaval.
Uno de los vecinos ilustres de la comarca es el último ídolo del Flamengo, el futbolista serbio Dejan Petkovic, que emigró para la isla y se convirtió en anfitrión del jet set internacional desde su Patachocas Eco Resort. El Pet -se pronuncia Pechi- se convirtió en el orgullo de los locales y recibió el título emérito de Cidadao Cairuense.
Como todo destino vacacional, en el centro desfilan las tiendas de tejidos y bijouterie tan deudoras de la cadena de montaje que representan las ferias de artesanía en todo el mundo, desde Yucatán hasta Liniers. Similares hasta en sus pretensiones de refinamiento. En medio del paseo de compras, uno se puede encontrar con un sound system evangelista, con raperos que vociferan loas a Dios como sucedáneos de Snoop Dogg en plan proselitista y pantalón de tiro alto.
De los 80.000 compatriotas que recibe el estado de Bahía cada año, algunos pierden el pasaje de vuelta. Un 10 por ciento de los cinco mil habitantes de la villa son argentinos, mano de obra calificada para las relaciones públicas y la gestión de la noche.
Uno de los anzuelos del Morro es la ausencia de coches y esta condición, en vivo y en directo, adquiere su sentido. Caminar de la primera a la cuarta playa demanda 20 minutos a través de la arena. La movilidad se limita a la tracción propia o a unos jeeps de ocasión que acceden a los enclaves más alejados por caminos lentos y enrevesados. Aquí no queda otra opción que bajar un cambio y dejar el reloj en el hotel. La ansiedad ya nos irá a buscar al aeropuerto en el regreso.
DATOS ÚTILES
Dónde comer
El restaurante Anís, dentro del Hotel Natureza, ofrece comida típica bahiana con sello propio.
www.hotelnatureza.com
Cuándo ir
Entre septiembre y abril es la época ideal, de mayo a agosto es período de lluvias. La temporada alta es enero y febrero, con demanda total en el Reveillon de fin de año, y la llamada resaca de carnaval, semana posterior a la fiesta, cuando los precios se duplican.
Qué hacer
Paseos en barco a las islas del archipiélago de Cairú, práctica de surf.
Clases de buceo: bautismo para principiantes (130 reales por persona), curso básico de 5 días (880 reales por persona), curso avanzado (880 reales por persona). Salidas embarcadas (2 inmersiones de barco) a 220 reales con equipamiento incluido.
Más información
Comité Visite Brasil, Embajada del Brasil en Buenos Aires, Cerrito 1350,
Entrepiso. Teléfono, 4515-2422.
turismo@brasil.org.ar
buenosaires.itamaraty.gov.br
www.visitbrasil.com
El Morro de San Pablo, en el estado de Bahía, puede ser un cautivante destino final o el acceso al archipiélago de Cairú, con sus inagotables playas y postales idílicas
La apartada playa de Gamboa, en la isla de Tinharé, no muy lejos del Morro de San Pablo. Foto: Embajada de Brasil / Martín Mangudo
El Morro de San Pablo se lo pone fácil a los operadores turísticos. Playas turquesas delineadas según sus prestaciones, puestas de sol de publicidad de negronis, múltiples opciones de ocio y farra multilingüe.
Puede que los fans de toda la vida presuman en tono elegíaco que ya no es el mismo de hace veinte años. Ellos tampoco lo son, aunque ninguno tira la toalla y cada año se calzan la camisa con palmeras y tucanes y marcan tarjeta. Como otros miles que se dejan tentar por su leyenda y se dan una vuelta para comprobarla.
Probablemente volverán: según un relevamiento del Ministerio de Turismo brasileño, el Morro de San Pablo es uno de los destinos con mayor índice de aprobación y retorno del país. Por eso el Embratur, organismo de promoción turística de ese país, lo escogió entre 5570 ciudades brasileñas, muchas de ellas aptas para concurso de belleza, como uno de los destinos inductores de la Copa del Mundo 2014.
Situado a 60 kilómetros de Salvador, en la isla de Tinharé, el Morro es el escaparate principal de Cairú, archipiélago de 26 islas que conforma un book de atractivos de toda naturaleza, sean ambientales, turísticos o históricos. El Morro ya era una apostilla en los códices del siglo XVI. Hasta hoy, la pequeña villa que dio origen al municipio guarda un rico patrimonio, como la Fortaleza, la Iglesia de Nuestra Señora de la Luz, la Fuente Grande y el Faro, estos últimos registrados en el cuaderno de bitácora del emperador Pedro II durante su visita en 1859. Las calles de piedra y un puñado de caseríos también perduran como legado de aquel refulgente pasado de colonia.
Si uno llega en ferry se topará en el muelle con jóvenes que se encargan por 10 reales de trasladar en carretilla el equipaje hasta el sitio de alojamiento consensuado. La pertinencia del servicio depende de lo que uno lleve encima. La pendiente puede llegar a ser asequible sólo para apolíneos de gimnasio o incluso enclenques con bolso de mano.
Subida la cuesta, un pórtico del siglo XVII anuncia la llegada a la villa. La pieza forma parte de los pertrechos que los portugueses construyeron para enfrentar a las invasores holandeses, que en aquellos años poco tenían que ver con el prototipo sustentable de costumbres liberales.
Pasada la iglesia Nuestra Señora de la Luz, una escalinata conduce hacia la parte alta del Morro, donde el faro, que también forma parte del conjunto defensivo de la isla, marca la entrada a la bahía.
MENÚ DE PLAYAS
Arribar hasta estas costas tiene su intríngulis -entre otros vestigios de civilización, ni siquiera llegan los diarios del día-, pero una vez superado el examen todo vuelve a su cauce. El Morro se las arregla para atraer a la familia al completo, lejos del acelerador de la urbe, llámese Salvador o Buenos Aires, con un mar que reviste tanto de club náutico como de una serena villa de pescadores.
Como si hubiera sido objeto de un plan de laboratorio de marketing, el Morro se divide en cinco playas, cada una con su singularidad a cuestas. Si el Morro es uno de los mejores sitios de Brasil para la práctica de surf, la actividad se concentra mayormente en la primera playa. Pedra do Moleque recibe un oleaje del Este que alcanza su mayor poder y quiebra en un banco de corales. En su margen izquierdo, la Quebrancinha es otro de los puntos de atracción para la fraternidad de las tablas.
La segunda playa, en tanto, llama a la celebración, las batidas bahianas que cambian cada año como canción de verano y concentra además la oferta gastronómica. La tercera pide calma y es el refugio de los buceadores. La cuarta ofrece piscinas naturales y la quinta, bautizada como la Playa del Encanto, reúne la mayor constelación de arena y paisaje de trópico de la zona.
AGENDA NOCTURNA
Los que llegan en procura de verbena tienen un menú rico en fiestas improvisadas tanto como en discotecas. Bailarán en todos los idiomas y participarán de tertulias en portuñol, italiano o hebreo, ya que la región se convirtió en un destino frecuente para los jóvenes judíos que egresan del servicio militar. Tanto como para que se haya filmado en estas playas una serie de doce episodios, Malabi Express, que refleja las aventuras de un grupo de israelíes en estos parajes de la costa de Dendê.
La noche del Morro se traviste de la tan mentada brasilidade. Los restaurantes y bares que se apilan frente a la costa, los cantantes de repertorio cursi, los carritos atiborrados de aguardientes y frutas tropicales, entre todos componen una comparsa a cielo abierto que en días de alta temporada se prolonga hasta pasada la madrugada. Si hay derroche de caldo de gente, unas vueltas en primera línea de mar proveerán de recambio y alivio.
Un clásico de las convocatorias morrenses son los luaus, fiestas a beira mar que obedecen al calendario: lunes y jueves. El fixture, que puede variar según las condiciones climáticas, reparte el miércoles a los ensayos o shows del Teatro del Morro, y viernes y sábados a los boliches. Cualquiera que deambule por ahí se va a enterar sin necesidad de contraseñas ni datazos.
Al que le quede chico el horizonte, tendrá la posibilidad de salir en barco o lanchas de excursión a las islas próximas. El paseo Volta a Ilha (60 reales en temporada baja) contempla un derrotero de unas horas por los municipios de mar adentro con regreso por la tarde. También hay opciones para quedarse a hacer noche en algunas de las islas, algunas de ellas con promesas de turismo diferencial. Cuanto más lejos, más silencio.
Sin el recurso de las embarcaciones, a media hora de caminata con marea baja, se encuentra la playa Gamboa, puntal de la vela y el yate de Tinharé. Acá también son famosos los baños de arcilla, a la que le adjudican propiedades revitalizadoras de la piel. Para enjuagarse basta un chapuzón en sus aguas tranquilas y calientes. Si al regreso la marea pegó un estirón, una lancha lleva de regreso al Morro por unos 3 reales.
Muchos coincidirán en las celebradas puestas de sol a varias puntas. Una opción es la Fortaleza de Tapirandu, conocida como el Fuerte del Morro, entre 700 metros de murallas y ruinas que retozan en la costa. Otro convite es el boliche A toca do Morcego, a 60 metros sobre el nivel del mar, con los correspondientes DJ y siluetas tostadas en aceite de oliva. Cualquier tramo de la ribera oficia de platea para la llegada del crepúsculo.
Si uno continúa por la misma senda de este chill out, tras una mata de cocoteros y palmas se encontrará con el faro, que ofrece desde sus miradores una panorámica de las playas de tarjeta postal. Los guías juran por sus hawaianas que se pueden avistar delfines en el atardecer. Desde una de las plataformas, los aventurados se pueden lanzar -previo pago de 35 reales- por una tirolesa que permite llegar al mar por un atajo de 340 metros.
EL CRAC ANFITRIÓN
Si bien el destino aún no perdió su vocación bohemia y su imán como meca de mochileros, la sofisticación de sus resorts a todo trapo convive con la villa de moradores del país real. La aldea hippie de antaño mutó en los últimos tres lustros en un complejo de 120 posadas y resorts que albergan a un total de 20.000 turistas por temporada, con picos máximos en el Reveillon de fin de año y la llamada resaca de Carnaval.
Uno de los vecinos ilustres de la comarca es el último ídolo del Flamengo, el futbolista serbio Dejan Petkovic, que emigró para la isla y se convirtió en anfitrión del jet set internacional desde su Patachocas Eco Resort. El Pet -se pronuncia Pechi- se convirtió en el orgullo de los locales y recibió el título emérito de Cidadao Cairuense.
Como todo destino vacacional, en el centro desfilan las tiendas de tejidos y bijouterie tan deudoras de la cadena de montaje que representan las ferias de artesanía en todo el mundo, desde Yucatán hasta Liniers. Similares hasta en sus pretensiones de refinamiento. En medio del paseo de compras, uno se puede encontrar con un sound system evangelista, con raperos que vociferan loas a Dios como sucedáneos de Snoop Dogg en plan proselitista y pantalón de tiro alto.
De los 80.000 compatriotas que recibe el estado de Bahía cada año, algunos pierden el pasaje de vuelta. Un 10 por ciento de los cinco mil habitantes de la villa son argentinos, mano de obra calificada para las relaciones públicas y la gestión de la noche.
Uno de los anzuelos del Morro es la ausencia de coches y esta condición, en vivo y en directo, adquiere su sentido. Caminar de la primera a la cuarta playa demanda 20 minutos a través de la arena. La movilidad se limita a la tracción propia o a unos jeeps de ocasión que acceden a los enclaves más alejados por caminos lentos y enrevesados. Aquí no queda otra opción que bajar un cambio y dejar el reloj en el hotel. La ansiedad ya nos irá a buscar al aeropuerto en el regreso.
DATOS ÚTILES
Dónde comer
El restaurante Anís, dentro del Hotel Natureza, ofrece comida típica bahiana con sello propio.
www.hotelnatureza.com
Cuándo ir
Entre septiembre y abril es la época ideal, de mayo a agosto es período de lluvias. La temporada alta es enero y febrero, con demanda total en el Reveillon de fin de año, y la llamada resaca de carnaval, semana posterior a la fiesta, cuando los precios se duplican.
Qué hacer
Paseos en barco a las islas del archipiélago de Cairú, práctica de surf.
Clases de buceo: bautismo para principiantes (130 reales por persona), curso básico de 5 días (880 reales por persona), curso avanzado (880 reales por persona). Salidas embarcadas (2 inmersiones de barco) a 220 reales con equipamiento incluido.
Más información
Comité Visite Brasil, Embajada del Brasil en Buenos Aires, Cerrito 1350,
Entrepiso. Teléfono, 4515-2422.
turismo@brasil.org.ar
buenosaires.itamaraty.gov.br
www.visitbrasil.com
martes, 7 de febrero de 2017
GRAN BRETAÑA: LONDRES: Los más antiguos pubs
Los más antiguos pubs de Londres
De paseo por una tradición social de la vida londinense.
El escritor Samuel Pepys decía ya en 1660 -en su famoso diario personal- que los pubs eran "el corazón de Inglaterra". Hoy siguen siendo una institución social, hay más de 52.000 pubs en Inglaterra y allí, desde siempre, la clientela pasa un buen rato charlando, bebe cerveza, juega al billar, los dardos o el ajedrez. También puede oír música en vivo o ver un show teatral, aunque eso es más raro. Y por supuesto, en un pub se puede comer: los platos más populares son el pollo asado y el pescado con papas. Un menú puede costar 12 libras esterlinas y la "pinta" de cerveza -es la medida inglesa para esta bebida- ronda las 5 libras
Londres tiene casi 4.000 pubs y algunos existen desde hace más de trescientos años. Un experto que ha manejado pubs durante años en Oxfordshire, George Dailey -junto a su hija, la fotógrafa Charlie Dailey- se ocupó de recorrer 22 históricos pubs de Londres en un libro, "Great pubs of London", recientemente elogiado por la BBC. Los autores se concentraron en las anécdotas e incidentes relacionados con cada pub, no ya en la calidad de la cerveza.
Nags Head
En el elegante barrio de Belgravia, donde abundan las embajadas y está la tienda Harrod's, el pub "Nags Head" se enorgullece de la máquina que usan para servir la cerveza artesanal, tiene más de 150 años y es de porcelana de Chelsea. El bar está decorado con espléndidas fotos, posters y antiguos juguetes. Eso sí, el bartender es bastante severo, quienes intenten hablar usando el teléfono celular no serán apreciados.
The Blackfriar
En la parroquia de Ludgate, en Blackfriars, el pub "The Blackfriar" data de 1875 pero parece una reconstrucción de la Inglaterra medieval. El techo es de mosaicos decorados, hay columnas de mármol y las figuras de antiguos sacerdotes vestidos de negro -los black friars- aparecen en cada rincón, comprensivos e indulgentes con los bebedores.
The French House
En el Soho, artistas, escritores, actores y fotógrafos frecuentan "The French House", se llama así desde 1914 y tiene el ambiente bohemio que muchos clientes aprecian. Dicen que era el preferido de Charles de Gaulle durante su exilio en Londres en 1940.
The Prospect of Whitby
"The Prospect of Whitby", en el distrito de Wapping, sobre la orilla norte del río Támesis y cerca de la City bancaria, fue reconstruido en el siglo XVIII, pero sus cimientos datan de 1520. Se dice que entre la clientela estaba Charles Dickens, Samuel Pepys y Samuel Johnson, todos ellos entusiastas de la riñas de gallos, típicas de este pub en sus inicios.
The George Inn
Según cuenta George Dailey, no hay un pub de Londres que pueda decir que su arquitectura interna sea la misma que tenía en el siglo XVIII pero "The George Inn" es la que más se acerca a ese ideal. Está en Southwark, en Borough High Street. En esa época, casi en el límite de las murallas de la City londinense. Y allí se representaban obras teatrales de Shakespeare.
The Grapes
Charles Dickens decía en 1865 que el pub "The Grapes", ubicado en el distrito de Wapping junto al río Támesis y los docks del puerto de Londres, era "una taberna que había sobrevivido a muchos casi a orillas del agua, siempre a punto de tirarse pero sin decidirse". Es que el edificio data de 1720 y el barrio era frecuentado por marineros y estibadores, Dickens se inspiró en el lugar para escribir su gran novela "Nuestro amigo común".
The Ship Tavern
Detrás de una estación del subte de Londres, Holborn, "The Ship Tavern" fue reconstruido en la década de 1920 y se dice que nació en el siglo XVI como un primer refugio para fieles católicos. En esa época era una zona rural, hoy es el céntrico distrito de West London.
The Dove
En el barrio de Hammersmith está el mejor lugar para ver la regata Oxford & Cambridge Boat Race, si uno consigue lugar en el pub "The Dove" a orillas del Támesis. El local existía ya en el año 1730 y ofrecía tranquilidad, bastante lejos de la City de Londres.
The Flask
"The Flask" está cerca del cementerio de Highgate, en la zona de Highgate Hill, North London. Lo visitaban poetas y escritores como Lord Byron, Coleridge, Keats y Shelley, además de pintores como Hogarth. Se cree que este pub tiene sus propios fantasmas: una mujer española que atendía el bar y murió por mal de amores. También está el fantasma de un viejo caballero que atraviesa el bar y desaparece ante las paredes.
The Lamb and Flag
Otro pub imperdible es "The Lamb and Flag", en la zona de Covent Garden, que ya en 1772 era famoso por sus parroquianos humildes y bastante alegres. Lo frecuentaba entonces el poeta John Dryden, más tarde fue el turno de Dickens. Parece que Dryden sufrió un intento de asesinato aquí cerca, por eso el salón del primer piso lleva su nombre.
martes, 24 de enero de 2017
JAPON: cinco experiencias únicas
Japón: cinco experiencias únicas
En los meses de invierno, un destino de festejos, tradiciones y atractivos naturales
1. Visitar los jardines imperiales
Desde la Segunda Guerra Mundial y la derrota japonesa, el emperador ya no es una divinidad encarnada pero sigue siendo un personaje muy querido y respetado, que vive con su familia en el Palacio Imperial del barrio de Chiyoda, en pleno centro de Tokio. Se puede ingresar en esta fortaleza y ver al actual emperador, Akihito, sólo dos veces al año: el 23 de diciembre (su cumpleaños) y el 2 de enero (para recibir sus buenos deseos). El ingreso del 2 de enero es todo un evento para los turistas de paso, que pueden participar de la visita siguiendo el mismo protocolo que los japoneses. Primero se pasan las puertas rigurosamente custodiadas, se recibe una banderita del sol naciente y se llega finalmente delante del palacio, sobre una plaza colmada de gente. La familia real aparece detrás de un vidrio blindado y saluda a la muchedumbre, que agita sus banderines y celebra al grito de banzai (que significa 10.000 años y es un deseo de longevidad). El reino de cada emperador es una era en el calendario japonés. Es probable que el saludo de este año y el del 2 de enero de 2018 sean los últimos de la actual era, ya que se está preparando la abdicación de Akihito a favor de su hijo Naruhito para el 1° de enero de 2019. La era actual empezó con la ascensión de Akihito en 1989 y se llama Heisai (serenidad).
2. Festival de luces en Nagoya
El jardín botánico de Nabana no Sato se transforma cada año, entre octubre y mayo, en uno de los mayores espectáculos de luces de Japón. Queda cerca de Nagoya y se llega fácilmente desde esa ciudad o desde Kioto y Tokio con combinaciones a bordo del tren bala o Shinkansen. Lo recomendable es viajar durante la tarde para ver los jardines de día. En pleno invierno los ciruelos ya están floreciendo y forman un bosque de delicados pétalos que caen de a poco como una suave llovizna. Esta floración precede algunos meses la de los sakura, los famosos cerezos de Japón. Mientras tanto, a medida que llega la noche, las luces se van prendiendo y transforman totalmente el predio. Hay muchas atracciones iluminadas en Japón durante el invierno, pero Nabana no Sato es una de las más populares por su impactante túnel de luces de dos cuadras de largo y su inmensa pantalla de led que recrea escenas animadas (el año pasado fue en torno al famoso animé de Heidi). El parque convoca a mucha gente y es recomendable evitar los días de fiesta y los fines de semana. En invierno hace mucho frío por la noche y hay que prever ropa en consecuencia.
3. El templo del amor
El día de San Valentín es una de las fiestas más celebradas del calendario en Japón. Los negocios, especialmente los de dulces y comidas, se preparan con productos acordes desde muchos días antes. En Kioto el 14 de febrero tiene una resonancia especial y se celebra en el Kiyomizu Dera, donde se encuentra el Templo del Amor, uno de los más emblemáticos entre los cientos de santuarios de la antigua capital imperial japonesa. Se trata de un complejo de edificios religiosos muy antiguos, parte del Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1994, y levantados en torno a aguas con propiedades terapéuticas. Uno de los templos, Jishu Jinja, está dedicado a una deidad shinto del amor y es el lugar que cobra una especial importancia el día de San Valentín. Además de los rituales del culto shinto y de los amuletos que se pueden comprar, se camina entre dos piedras de amor. Las separan 18 metros y hay que ir de una a otra con los ojos vendados o cerrados: quienes lo logren sin desviarse tendrán un encuentro amoroso cercano. Al margen de San Valentín, el templo celebra una ceremonia del amor el primer día de cada mes.
4. Un onsen al pie del Fuji Yama
La región del Monte Fuji es un destino de turismo muy popular en todo Japón y más desde la vecina Tokio. Gracias a las excelentes redes de transporte se llega en apenas unas horas desde el centro de la mayor ciudad del mundo a los bosques nevados y pueblitos que no cambiaron desde la época de los samuráis. El de Naka Gora es uno de ellos, ubicado sobre el circuito de trenes, funicular, teleférico y barco que permite recorrer la región y el lago Ashi para admirar la cumbre del Fuji con su cono perfecto y sus nieves eternas. La región tiene una intensa actividad geotérmica y es común que haya erupciones volcánicas. Las fuentes termales abundan y son captadas por los hoteles y los albergues locales, que ofrecen servicios de baños a sus huéspedes. Este tipo de alojamiento se llama onsen (literalmente fuente de aguas cálidas) y proponen por lo general una estadía al modo tradicional: se duerme sobre tatamis y se come sobre una mesa ratona, sentado en el suelo. Las puertas son corredizas y las ventanas de papel de arroz. En Naka Gora el pequeño hotel Kanon es uno de ellos.
5. Lluvia de pétalos de ciruelos en flor
Japón tiene muchas otras experiencias extraordinarias en febrero, como la muestra de esculturas de hielo en la gélida isla de Hokkaid? o las excursiones a los pueblitos sepultados bajo la nieve en el corazón de los llamados Alpes Japoneses, en la isla de Honsh?. Febrero es también el tiempo de los Ume Matsuri, los festivales de la floración de los ciruelos. Ume es el nombre japonés de esa especie de árbol, científicamente llamada Prunus mume. Florecen en pleno invierno y son tan populares en Japón como los cerezos sakura. Muchas familias aprovechan los días soleados de la temporada fría para pasearse por los parques y almorzar bajo sus ramas florecidas. El parque Kairakuen en Mito (al norte de Tokio) se considera como uno de los más lindos del país y es muy concurrido durante el Ume Matsuri, de fines de febrero a fines de marzo. En Tokio, uno de los jardines más apreciados es el de Hanegi, cuya floración explota durante todo febrero gracias a más de 700 árboles.
En los meses de invierno, un destino de festejos, tradiciones y atractivos naturales
1. Visitar los jardines imperiales
Desde la Segunda Guerra Mundial y la derrota japonesa, el emperador ya no es una divinidad encarnada pero sigue siendo un personaje muy querido y respetado, que vive con su familia en el Palacio Imperial del barrio de Chiyoda, en pleno centro de Tokio. Se puede ingresar en esta fortaleza y ver al actual emperador, Akihito, sólo dos veces al año: el 23 de diciembre (su cumpleaños) y el 2 de enero (para recibir sus buenos deseos). El ingreso del 2 de enero es todo un evento para los turistas de paso, que pueden participar de la visita siguiendo el mismo protocolo que los japoneses. Primero se pasan las puertas rigurosamente custodiadas, se recibe una banderita del sol naciente y se llega finalmente delante del palacio, sobre una plaza colmada de gente. La familia real aparece detrás de un vidrio blindado y saluda a la muchedumbre, que agita sus banderines y celebra al grito de banzai (que significa 10.000 años y es un deseo de longevidad). El reino de cada emperador es una era en el calendario japonés. Es probable que el saludo de este año y el del 2 de enero de 2018 sean los últimos de la actual era, ya que se está preparando la abdicación de Akihito a favor de su hijo Naruhito para el 1° de enero de 2019. La era actual empezó con la ascensión de Akihito en 1989 y se llama Heisai (serenidad).
2. Festival de luces en Nagoya
El jardín botánico de Nabana no Sato se transforma cada año, entre octubre y mayo, en uno de los mayores espectáculos de luces de Japón. Queda cerca de Nagoya y se llega fácilmente desde esa ciudad o desde Kioto y Tokio con combinaciones a bordo del tren bala o Shinkansen. Lo recomendable es viajar durante la tarde para ver los jardines de día. En pleno invierno los ciruelos ya están floreciendo y forman un bosque de delicados pétalos que caen de a poco como una suave llovizna. Esta floración precede algunos meses la de los sakura, los famosos cerezos de Japón. Mientras tanto, a medida que llega la noche, las luces se van prendiendo y transforman totalmente el predio. Hay muchas atracciones iluminadas en Japón durante el invierno, pero Nabana no Sato es una de las más populares por su impactante túnel de luces de dos cuadras de largo y su inmensa pantalla de led que recrea escenas animadas (el año pasado fue en torno al famoso animé de Heidi). El parque convoca a mucha gente y es recomendable evitar los días de fiesta y los fines de semana. En invierno hace mucho frío por la noche y hay que prever ropa en consecuencia.
3. El templo del amor
El día de San Valentín es una de las fiestas más celebradas del calendario en Japón. Los negocios, especialmente los de dulces y comidas, se preparan con productos acordes desde muchos días antes. En Kioto el 14 de febrero tiene una resonancia especial y se celebra en el Kiyomizu Dera, donde se encuentra el Templo del Amor, uno de los más emblemáticos entre los cientos de santuarios de la antigua capital imperial japonesa. Se trata de un complejo de edificios religiosos muy antiguos, parte del Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1994, y levantados en torno a aguas con propiedades terapéuticas. Uno de los templos, Jishu Jinja, está dedicado a una deidad shinto del amor y es el lugar que cobra una especial importancia el día de San Valentín. Además de los rituales del culto shinto y de los amuletos que se pueden comprar, se camina entre dos piedras de amor. Las separan 18 metros y hay que ir de una a otra con los ojos vendados o cerrados: quienes lo logren sin desviarse tendrán un encuentro amoroso cercano. Al margen de San Valentín, el templo celebra una ceremonia del amor el primer día de cada mes.
4. Un onsen al pie del Fuji Yama
La región del Monte Fuji es un destino de turismo muy popular en todo Japón y más desde la vecina Tokio. Gracias a las excelentes redes de transporte se llega en apenas unas horas desde el centro de la mayor ciudad del mundo a los bosques nevados y pueblitos que no cambiaron desde la época de los samuráis. El de Naka Gora es uno de ellos, ubicado sobre el circuito de trenes, funicular, teleférico y barco que permite recorrer la región y el lago Ashi para admirar la cumbre del Fuji con su cono perfecto y sus nieves eternas. La región tiene una intensa actividad geotérmica y es común que haya erupciones volcánicas. Las fuentes termales abundan y son captadas por los hoteles y los albergues locales, que ofrecen servicios de baños a sus huéspedes. Este tipo de alojamiento se llama onsen (literalmente fuente de aguas cálidas) y proponen por lo general una estadía al modo tradicional: se duerme sobre tatamis y se come sobre una mesa ratona, sentado en el suelo. Las puertas son corredizas y las ventanas de papel de arroz. En Naka Gora el pequeño hotel Kanon es uno de ellos.
5. Lluvia de pétalos de ciruelos en flor
Japón tiene muchas otras experiencias extraordinarias en febrero, como la muestra de esculturas de hielo en la gélida isla de Hokkaid? o las excursiones a los pueblitos sepultados bajo la nieve en el corazón de los llamados Alpes Japoneses, en la isla de Honsh?. Febrero es también el tiempo de los Ume Matsuri, los festivales de la floración de los ciruelos. Ume es el nombre japonés de esa especie de árbol, científicamente llamada Prunus mume. Florecen en pleno invierno y son tan populares en Japón como los cerezos sakura. Muchas familias aprovechan los días soleados de la temporada fría para pasearse por los parques y almorzar bajo sus ramas florecidas. El parque Kairakuen en Mito (al norte de Tokio) se considera como uno de los más lindos del país y es muy concurrido durante el Ume Matsuri, de fines de febrero a fines de marzo. En Tokio, uno de los jardines más apreciados es el de Hanegi, cuya floración explota durante todo febrero gracias a más de 700 árboles.
viernes, 13 de enero de 2017
AUSTRIA: SALZBURGO: Cuna de Mozart
Salzburgo, cuna de Mozart
La oferta cultural en la ciudad austriaca es muy amplia gracias a su historial artístico, pero a pesar de sus festivales de verano y sus valses modernos, la música clásica sigue siendo lo suyo.
Al llegar a la llamada “ciudad de la sal” (por las minas de este elemento que se encuentran en el área) te recomendamos empezar tu recorrido desde el centro, donde se encuentra todo el entretenimiento. El casco antiguo de Salzburgo fue declarado Patrimonio de la humanidad por la Unesco y tiene una mezcla de todos los estilos que han estado de moda desde la Edad Media, el románico, el renacimiento y el barroco.
Es un muestrario arquitectónico en el que no quedó una sola etapa fuera. La edificación más emblemática es la catedral, dedicada a San Ruperto, fundador de la ciudad, pero lo que más nos interesa es seguir los pasos de su ídolo…
El genio de la música clásica, Wolfgang Amadeus Mozart, quien compuso su primera obra a los cinco años y la última en su lecho de muerte, vio la luz por primera vez en esta ciudad el 27 de enero de 1756. Salzburgo no se cansa de hacer homenaje a su personaje más famoso y al menos una vez al año encontrarás un festival en su nombre, constantes conciertos de su música y, desde luego un museo en la casa donde nació: Hagenauer, ubicada en el número 9 de la calle Getreidegasse.
La casa/museo fue inaugurada en 1880 y desde entonces es visitada por miles de personas al año. En ella puedes ver las habitaciones donde jugaba el bebé Mozart y los instrumentos que tocó de niño, un violín y un clavicordio. También hay retratos familiares y un óleo de él tocando el piano, pintado por su cuñado. Todo un paraíso para los amantes del compositor.
Mozart prosperó en la vida y luego se mudó a Hannibalplatz, ubicada en Makartplatz 8, hoy llamada “Casa del maestro de danza”. También puedes visitarla. Fue en este lugar donde el músico compuso muchas de sus obras, entre ellas “Rey pastor”, una de las más famosas.
Desafortunadamente, en 1944 gran parte de la casa fue destruida por una bomba y fue 10 años después cuando por fin comenzó a ser un museo. Se restauró su arquitectura original y desde entonces cada año es sede de la Semana de Mozart, en la que se presentan conciertos de orquesta sinfónica, óperas y diversos espectáculos en su honor. Un destino imprescindible para los apasionados de la música clásica.
La oferta cultural en la ciudad austriaca es muy amplia gracias a su historial artístico, pero a pesar de sus festivales de verano y sus valses modernos, la música clásica sigue siendo lo suyo.
Al llegar a la llamada “ciudad de la sal” (por las minas de este elemento que se encuentran en el área) te recomendamos empezar tu recorrido desde el centro, donde se encuentra todo el entretenimiento. El casco antiguo de Salzburgo fue declarado Patrimonio de la humanidad por la Unesco y tiene una mezcla de todos los estilos que han estado de moda desde la Edad Media, el románico, el renacimiento y el barroco.
Es un muestrario arquitectónico en el que no quedó una sola etapa fuera. La edificación más emblemática es la catedral, dedicada a San Ruperto, fundador de la ciudad, pero lo que más nos interesa es seguir los pasos de su ídolo…
El genio de la música clásica, Wolfgang Amadeus Mozart, quien compuso su primera obra a los cinco años y la última en su lecho de muerte, vio la luz por primera vez en esta ciudad el 27 de enero de 1756. Salzburgo no se cansa de hacer homenaje a su personaje más famoso y al menos una vez al año encontrarás un festival en su nombre, constantes conciertos de su música y, desde luego un museo en la casa donde nació: Hagenauer, ubicada en el número 9 de la calle Getreidegasse.
La casa/museo fue inaugurada en 1880 y desde entonces es visitada por miles de personas al año. En ella puedes ver las habitaciones donde jugaba el bebé Mozart y los instrumentos que tocó de niño, un violín y un clavicordio. También hay retratos familiares y un óleo de él tocando el piano, pintado por su cuñado. Todo un paraíso para los amantes del compositor.
Mozart prosperó en la vida y luego se mudó a Hannibalplatz, ubicada en Makartplatz 8, hoy llamada “Casa del maestro de danza”. También puedes visitarla. Fue en este lugar donde el músico compuso muchas de sus obras, entre ellas “Rey pastor”, una de las más famosas.
Desafortunadamente, en 1944 gran parte de la casa fue destruida por una bomba y fue 10 años después cuando por fin comenzó a ser un museo. Se restauró su arquitectura original y desde entonces cada año es sede de la Semana de Mozart, en la que se presentan conciertos de orquesta sinfónica, óperas y diversos espectáculos en su honor. Un destino imprescindible para los apasionados de la música clásica.
jueves, 12 de enero de 2017
ARGENTINA: MAR DEL PLATA: la cara menos conocida de un clásico
Mar del Plata, la cara menos conocida de un clásico
Es el balneario argentino más tradicional, aun así muchos no conocen su historia, su origen ni su rico anecdotario, desde los tiempos de indios pampas y jesuitas hasta la llegada del turismo y la aristocracia
Apenas una aproximación. Tan sólo eso es lo que compone el imaginario colectivo del centro turístico más popular de la Argentina. Por experiencia propia o por influencia mediática, todos conocen Mar del Plata. O al menos conocen parte de ella. Una parte seguramente verdadera pero que está lejos de completarla.
Hay una historia prefundacional que pocos tienen en cuenta. Por ejemplo, que allí hay vida humana desde hace 10 mil años. Los indios pampas rondaban la zona y de tanto en tanto se acercaban a la costa para cazar lobos marinos. Los jesuitas intentaron "civilizarlos" y convertirlos a mediados del siglo XVIII, pero no tuvieron mucha suerte. Resistieron menos de cinco años. Hasta que duró el buen humor del cacique Cangapol. Por ese intento, la laguna y sierra cercanas a la ciudad llevan el nombre de "de los Padres".
Una referencia graciosa la aporta el idioma y el devenir semántico de las palabras. Los jesuitas, en su descripción del sitio en el que se asentaron, mencionan la gran cantidad de "curros" que había en el lugar. Los curros son plantas espinosas que pueden llegar a los tres metros de altura y en la actualidad se las cuida en una reserva que ocupa 80 hectáreas. Que hoy haya curros urbanos no es culpa de la naturaleza, aclaremos.
Por aquellos tiempos, ya habían pasado frente a las costas de la hoy Mar del Plata algunos navegantes. Hernando de Magallanes y Sir Francis Drake entre otros. Pero el primero en llegar por tierra fue Don Juan de Garay, que describió el lugar como muy galana costa. Claro, ninguno de ellos vaticinó que ese sitio se convertiría en un destino turístico. La sencilla razón es que el turismo no existía. Debían transcurrir más de dos siglos para la aparición de la industria sin chimeneas.
Cabo Corrientes
En el siglo XVI los pulperos de Buenos Aires les daban alcohol a los indios a cambio de ponchos, botas y mantas. Un historiador marplatense me dijo que estos consideraban a los lobos marinos algo así como la reencarnación de los borrachos.
Lo cierto es que en esas costas hubo lobos marinos desde tiempo inmemorial. El corsario Drake bautizó como Cape Lob a lo que se conoce hoy como Cabo Corrientes.
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Pero ¿por qué es una presencia "rara" para quienes no somos biólogos marinos? Por una simple razón: en Mar del Plata sólo hay ejemplares machos. ¿Cómo? Sí? otra vez: sólo hay machos.
Ocurre que estos animales -que la ciencia llama Otaria flavescens, lobo marino de un pelo- tienen sus propias manías para el sexo y la reproducción. Cada macho tiene su harén y sirve aproximadamente a nueve hembras. La cópula se produce en las costas uruguayas entre mediados de diciembre y mediados de febrero. Los machos deben disputar su harén. Los que pierden deben irse sin copular. Los humillados se van a vivir juntos. ¿A dónde? Sí, a Mar del Plata. Se los puede ver en el puerto. Son más o menos 800. Véalos y, si puede soportar su inconfundible olor, respire. Pero tenga piedad. No se burle de ellos.
Accidente geográfico
Al sur de Mar del Plata, en la zona de Chapadmalal, hay un sitio sobre la costa que bien podría ser parte de la ribera escocesa. Se trata de la conocida Barranca de los Lobos. Ver desde allí el amanecer o bien despuntar la luna llena en el horizonte es una experiencia gloriosa.
Las paredes de la barranca son yacimientos paleontológicos únicos. Allí van chicos de las escuelas a buscar huesitos que por miles la tierra atesora.
Pero una discusión que perdura es si la Barranca de los Lobos es un accidente geográfico u ortográfico. Me explico. Hay quienes sostienen que allí nunca hubo lobos marinos. O más bien que pudo haber algunos pocos. Que la barranca a pique, las mareas y otras menudencias no hacía muy cómodo ese hábitat para los mamíferos marinos. Que lo que allí había eran loros. Loros barranqueros.
Una vez un secretario de Turismo de la ciudad en conferencia de prensa anunció que iban a trasladar los lobos marinos del Puerto a la Barranca, "donde estuvieron siempre". Le preguntaron cómo iba a hacer eso. Dijo que durmiendo a las hembras y llevándolas a ese lugar y que los machos irían detrás. Nadie más preguntó. Quien esto escribe le dijo en soledad al funcionario que no había hembras y que al parecer en ese lugar tampoco hubo lobos. Luego de unos segundos en silencio balbuceó: "Entonces?¡estamos hasta las manos!".
La belle époque
Hacia fines del siglo XIX la aristocracia argentina comienza a viajar a Europa, principalmente a París. No había descubierto aún el mar y los veraneos se pasaban en las estancias. Luego se regresaba a Buenos Aires, aunque muchas veces sólo de paso para Europa. Solía decirse... quelle diffèrence: de París à l´estance !
Casi 30 años después de la llegada del tren (1886), Mar del Plata ya se había transformado en la Biarritz argentina. La guerra desatada en 1914, que impidió al patriciado porteño viajar a Europa, potenció ese carácter. Ya muchas de las familias ricas argentinas habían construido sus espectaculares casas. Desde 1888 funcionaba el hotel Bristol, a cuya inauguración había asistido Nicolás Romanoff, el zarévich heredero del trono de Rusia.
Arquitectos ingleses y franceses rivalizaban en el naciente balneario para construir para sus connotados comitentes las mansiones que les permitieron distinguirse.
"Mi abuelo solía contar que una vez un señor proveniente de un sitio remoto le encargó todo el mobiliario y carpintería para una importante casa en su país. Pero su asombro fue que nunca le preguntó cuánto le costaría. Era tan rico que no le preocupaba saber lo que costaban las cosas". El testimonio es de la nieta de Gustav Serrurier-Bovy, el genial diseñador belga que articuló una fusión de art nouveau tardío -art decó con francés Luis XVI- y el caballero del país remoto era el representante de la familia Ortíz Basualdo.
La casa con esos tesoros, testimonio de la época opulenta, es hoy el Museo Juan Carlos Castagnino en la esquina de la avenida Colón y Alvear. No puede dejar de visitarse.
Numerosas residencias de la época se mantienen aún en pie a pesar de los altibajos de las políticas públicas para preservarlas. Forman parte de un patrimonio que hace única a esta ciudad. Y todos, turistas y lugareños, pueden todavía disfrutarlas.
El primer edificio de mampostería está todavía en pie y es hoy Monumento Histórico Nacional. Es la capilla Santa Cecilia en la loma del mismo nombre. La construyó el fundador de Mar del Plata, Patricio Peralta Ramos, en honor de su mujer, fallecida en 1861 como consecuencia de un mal parto del que nació su hijo número catorce.
La cúpula del templo fue realizada con los mástiles de un bergantín inglés naufragado en 1865 frente a las costas de lo que a partir de 1874 fue formalmente llamada Mar del Plata.
Peralta Ramos contrató a Carlos de Chapeaurouge, de sólo 28 años, para que trazara la cuadrícula de la ciudad. Como la capilla Santa Cecilia era el edificio más importante hasta ese momento, el joven agrimensor partió de su frente para tirar las líneas paralelas que definirían la orientación de las calles, tal como llegan a nuestros días. Esa capilla es, definitivamente, el embrión de la ciudad.
El golf y la nobleza
A la cancha de playa Grande se la conoce como la catedral del golf. Es una de las primeras en nuestro país. Podríamos definirla como típicamente escocesa. Barrancas, rough, viento, no muchos árboles, fairways ralos, y un búnker grandioso: el Port Arthur.
En los otrora médanos comenzó a practicarse este deporte en 1890. El Mar del Plata Golf Club se fundó en enero de 1900. Hasta 1915 hubo sólo nueve hoyos y a partir de esa fecha se completó la cancha con los nueve restantes.
En 1931, el por entonces príncipe de Gales, luego Eduardo VIII de Inglaterra, salió a probar suerte. Su Alteza Real ya conocía Mar del Plata. Había venido en 1925 a bordo del Repulse. En esta, su segunda visita, pudo dormir en el club house, ya que el espléndido edificio estilo Tudor se había inaugurado en 1926.
A propósito del edificio, cabe contar otra anécdota protagonizada años más tarde por el sobrino político de Eduardo VIII. Me refiero al duque de Edimburgo, actual marido de la Reina Isabel II, que visitó Mar del Plata en 1962.
Al bajar del auto frente al club house el duque dirigió su mirada al frontis del edificio. Pero no vio lo que esperaba. Le preguntaron qué buscaba y contestó que el año de construcción de la casa. Presurosas, las autoridades del club se abocaron a resolver la falta. Bueno? no tan presurosas. Tardaron un año en decidir si los número debían ser romanos o arábigos. Hoy, justo encima de la grandiosa puerta de entrada, hay un número: 1926.
Los que practican golf pueden ir a jugar a esa cancha. A los primerizos un dato que no por conocido deja de ser útil: todos los greens caen al mar. A los que no les atrae el deporte pueden conocer la casa y comer en el restaurante. La experiencia vale la pena.
Playa por playa
La amplia oferta turística de Mar del Plata diversifica por los consumos. La gente de mayor capacidad contributiva, catalogada marketineramente como ABC1, tiene servicios, espacios y barrios que la contienen.
Para los más tradicionales de este sector el mar de Playa Grande sigue siendo el sitio para tomar sol, pero en los últimos años las playas del sur, desde Punta Mogotes hasta la Barranca de los Lobos, con balnearios privados de servicios exclusivos, pasaron a ser los más selectos. De todas maneras los 44 kilómetros de playa abren alternativas de consumos más populares.
A metros del faro de Punta Mogotes, se habilitó Yes playa canina, el primer balneario pet friendly de la ciudad.
Desde febrero de 2001 existe la Playa Escondida, la primera playa nudista de todo el Partido. La visitan familias naturistas y también gran parte del colectivo gay, tres kilómetros más allá del Complejo de Chapadmalal, casi en el límite con Miramar.
Abracadabra se llama el balneario de los jóvenes cool. Lo promocionan diciendo que no es una playa, que es "un templo", en el kilómetro 3,5 de la ruta 11. Durante la noche hay música y recitales.
Un balneario especialmente dedicado a los chicos es Guillermo, entre Punta Cantera y el faro. Organizan todo tipo de actividades para los más chicos y tienen maestras jardineras.
El balneario Bosques del Faro Village, además de sus toldos en un espacio tranquilo y amplio, es el único que ofrece departamentos prácticamente sobre la playa. De un lado el mar. Del otro el bosque.
Es el balneario argentino más tradicional, aun así muchos no conocen su historia, su origen ni su rico anecdotario, desde los tiempos de indios pampas y jesuitas hasta la llegada del turismo y la aristocracia
Apenas una aproximación. Tan sólo eso es lo que compone el imaginario colectivo del centro turístico más popular de la Argentina. Por experiencia propia o por influencia mediática, todos conocen Mar del Plata. O al menos conocen parte de ella. Una parte seguramente verdadera pero que está lejos de completarla.
Hay una historia prefundacional que pocos tienen en cuenta. Por ejemplo, que allí hay vida humana desde hace 10 mil años. Los indios pampas rondaban la zona y de tanto en tanto se acercaban a la costa para cazar lobos marinos. Los jesuitas intentaron "civilizarlos" y convertirlos a mediados del siglo XVIII, pero no tuvieron mucha suerte. Resistieron menos de cinco años. Hasta que duró el buen humor del cacique Cangapol. Por ese intento, la laguna y sierra cercanas a la ciudad llevan el nombre de "de los Padres".
Una referencia graciosa la aporta el idioma y el devenir semántico de las palabras. Los jesuitas, en su descripción del sitio en el que se asentaron, mencionan la gran cantidad de "curros" que había en el lugar. Los curros son plantas espinosas que pueden llegar a los tres metros de altura y en la actualidad se las cuida en una reserva que ocupa 80 hectáreas. Que hoy haya curros urbanos no es culpa de la naturaleza, aclaremos.
Por aquellos tiempos, ya habían pasado frente a las costas de la hoy Mar del Plata algunos navegantes. Hernando de Magallanes y Sir Francis Drake entre otros. Pero el primero en llegar por tierra fue Don Juan de Garay, que describió el lugar como muy galana costa. Claro, ninguno de ellos vaticinó que ese sitio se convertiría en un destino turístico. La sencilla razón es que el turismo no existía. Debían transcurrir más de dos siglos para la aparición de la industria sin chimeneas.
Cabo Corrientes
En el siglo XVI los pulperos de Buenos Aires les daban alcohol a los indios a cambio de ponchos, botas y mantas. Un historiador marplatense me dijo que estos consideraban a los lobos marinos algo así como la reencarnación de los borrachos.
Lo cierto es que en esas costas hubo lobos marinos desde tiempo inmemorial. El corsario Drake bautizó como Cape Lob a lo que se conoce hoy como Cabo Corrientes.
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Pero ¿por qué es una presencia "rara" para quienes no somos biólogos marinos? Por una simple razón: en Mar del Plata sólo hay ejemplares machos. ¿Cómo? Sí? otra vez: sólo hay machos.
Ocurre que estos animales -que la ciencia llama Otaria flavescens, lobo marino de un pelo- tienen sus propias manías para el sexo y la reproducción. Cada macho tiene su harén y sirve aproximadamente a nueve hembras. La cópula se produce en las costas uruguayas entre mediados de diciembre y mediados de febrero. Los machos deben disputar su harén. Los que pierden deben irse sin copular. Los humillados se van a vivir juntos. ¿A dónde? Sí, a Mar del Plata. Se los puede ver en el puerto. Son más o menos 800. Véalos y, si puede soportar su inconfundible olor, respire. Pero tenga piedad. No se burle de ellos.
Accidente geográfico
Al sur de Mar del Plata, en la zona de Chapadmalal, hay un sitio sobre la costa que bien podría ser parte de la ribera escocesa. Se trata de la conocida Barranca de los Lobos. Ver desde allí el amanecer o bien despuntar la luna llena en el horizonte es una experiencia gloriosa.
Las paredes de la barranca son yacimientos paleontológicos únicos. Allí van chicos de las escuelas a buscar huesitos que por miles la tierra atesora.
Pero una discusión que perdura es si la Barranca de los Lobos es un accidente geográfico u ortográfico. Me explico. Hay quienes sostienen que allí nunca hubo lobos marinos. O más bien que pudo haber algunos pocos. Que la barranca a pique, las mareas y otras menudencias no hacía muy cómodo ese hábitat para los mamíferos marinos. Que lo que allí había eran loros. Loros barranqueros.
Una vez un secretario de Turismo de la ciudad en conferencia de prensa anunció que iban a trasladar los lobos marinos del Puerto a la Barranca, "donde estuvieron siempre". Le preguntaron cómo iba a hacer eso. Dijo que durmiendo a las hembras y llevándolas a ese lugar y que los machos irían detrás. Nadie más preguntó. Quien esto escribe le dijo en soledad al funcionario que no había hembras y que al parecer en ese lugar tampoco hubo lobos. Luego de unos segundos en silencio balbuceó: "Entonces?¡estamos hasta las manos!".
La belle époque
Hacia fines del siglo XIX la aristocracia argentina comienza a viajar a Europa, principalmente a París. No había descubierto aún el mar y los veraneos se pasaban en las estancias. Luego se regresaba a Buenos Aires, aunque muchas veces sólo de paso para Europa. Solía decirse... quelle diffèrence: de París à l´estance !
Casi 30 años después de la llegada del tren (1886), Mar del Plata ya se había transformado en la Biarritz argentina. La guerra desatada en 1914, que impidió al patriciado porteño viajar a Europa, potenció ese carácter. Ya muchas de las familias ricas argentinas habían construido sus espectaculares casas. Desde 1888 funcionaba el hotel Bristol, a cuya inauguración había asistido Nicolás Romanoff, el zarévich heredero del trono de Rusia.
Arquitectos ingleses y franceses rivalizaban en el naciente balneario para construir para sus connotados comitentes las mansiones que les permitieron distinguirse.
"Mi abuelo solía contar que una vez un señor proveniente de un sitio remoto le encargó todo el mobiliario y carpintería para una importante casa en su país. Pero su asombro fue que nunca le preguntó cuánto le costaría. Era tan rico que no le preocupaba saber lo que costaban las cosas". El testimonio es de la nieta de Gustav Serrurier-Bovy, el genial diseñador belga que articuló una fusión de art nouveau tardío -art decó con francés Luis XVI- y el caballero del país remoto era el representante de la familia Ortíz Basualdo.
La casa con esos tesoros, testimonio de la época opulenta, es hoy el Museo Juan Carlos Castagnino en la esquina de la avenida Colón y Alvear. No puede dejar de visitarse.
Numerosas residencias de la época se mantienen aún en pie a pesar de los altibajos de las políticas públicas para preservarlas. Forman parte de un patrimonio que hace única a esta ciudad. Y todos, turistas y lugareños, pueden todavía disfrutarlas.
El primer edificio de mampostería está todavía en pie y es hoy Monumento Histórico Nacional. Es la capilla Santa Cecilia en la loma del mismo nombre. La construyó el fundador de Mar del Plata, Patricio Peralta Ramos, en honor de su mujer, fallecida en 1861 como consecuencia de un mal parto del que nació su hijo número catorce.
La cúpula del templo fue realizada con los mástiles de un bergantín inglés naufragado en 1865 frente a las costas de lo que a partir de 1874 fue formalmente llamada Mar del Plata.
Peralta Ramos contrató a Carlos de Chapeaurouge, de sólo 28 años, para que trazara la cuadrícula de la ciudad. Como la capilla Santa Cecilia era el edificio más importante hasta ese momento, el joven agrimensor partió de su frente para tirar las líneas paralelas que definirían la orientación de las calles, tal como llegan a nuestros días. Esa capilla es, definitivamente, el embrión de la ciudad.
El golf y la nobleza
A la cancha de playa Grande se la conoce como la catedral del golf. Es una de las primeras en nuestro país. Podríamos definirla como típicamente escocesa. Barrancas, rough, viento, no muchos árboles, fairways ralos, y un búnker grandioso: el Port Arthur.
En los otrora médanos comenzó a practicarse este deporte en 1890. El Mar del Plata Golf Club se fundó en enero de 1900. Hasta 1915 hubo sólo nueve hoyos y a partir de esa fecha se completó la cancha con los nueve restantes.
En 1931, el por entonces príncipe de Gales, luego Eduardo VIII de Inglaterra, salió a probar suerte. Su Alteza Real ya conocía Mar del Plata. Había venido en 1925 a bordo del Repulse. En esta, su segunda visita, pudo dormir en el club house, ya que el espléndido edificio estilo Tudor se había inaugurado en 1926.
A propósito del edificio, cabe contar otra anécdota protagonizada años más tarde por el sobrino político de Eduardo VIII. Me refiero al duque de Edimburgo, actual marido de la Reina Isabel II, que visitó Mar del Plata en 1962.
Al bajar del auto frente al club house el duque dirigió su mirada al frontis del edificio. Pero no vio lo que esperaba. Le preguntaron qué buscaba y contestó que el año de construcción de la casa. Presurosas, las autoridades del club se abocaron a resolver la falta. Bueno? no tan presurosas. Tardaron un año en decidir si los número debían ser romanos o arábigos. Hoy, justo encima de la grandiosa puerta de entrada, hay un número: 1926.
Los que practican golf pueden ir a jugar a esa cancha. A los primerizos un dato que no por conocido deja de ser útil: todos los greens caen al mar. A los que no les atrae el deporte pueden conocer la casa y comer en el restaurante. La experiencia vale la pena.
Playa por playa
La amplia oferta turística de Mar del Plata diversifica por los consumos. La gente de mayor capacidad contributiva, catalogada marketineramente como ABC1, tiene servicios, espacios y barrios que la contienen.
Para los más tradicionales de este sector el mar de Playa Grande sigue siendo el sitio para tomar sol, pero en los últimos años las playas del sur, desde Punta Mogotes hasta la Barranca de los Lobos, con balnearios privados de servicios exclusivos, pasaron a ser los más selectos. De todas maneras los 44 kilómetros de playa abren alternativas de consumos más populares.
A metros del faro de Punta Mogotes, se habilitó Yes playa canina, el primer balneario pet friendly de la ciudad.
Desde febrero de 2001 existe la Playa Escondida, la primera playa nudista de todo el Partido. La visitan familias naturistas y también gran parte del colectivo gay, tres kilómetros más allá del Complejo de Chapadmalal, casi en el límite con Miramar.
Abracadabra se llama el balneario de los jóvenes cool. Lo promocionan diciendo que no es una playa, que es "un templo", en el kilómetro 3,5 de la ruta 11. Durante la noche hay música y recitales.
Un balneario especialmente dedicado a los chicos es Guillermo, entre Punta Cantera y el faro. Organizan todo tipo de actividades para los más chicos y tienen maestras jardineras.
El balneario Bosques del Faro Village, además de sus toldos en un espacio tranquilo y amplio, es el único que ofrece departamentos prácticamente sobre la playa. De un lado el mar. Del otro el bosque.
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Cosas para hacer
Es la capital del mundo con más termas naturales calientes ya que tiene más de 120. Por eso, hay increíbles baños construidos en torno a las piletas de agua termal. Los primeros de estos edificios fueron construidos en la época de los romanos, hoy quedan algunas ruinas. Algunos son realmente alucinantes. Los más famosos son los Baños Gellért en estilo Art Nouveau o los Szenchenyis que quedan en el medio del parque de la ciudad y que tienen 15 piletas cubiertas. Otra cosa imperdible para hacer a la tarde noche, es salir a bares a tomar y bailar. El distrito 7 es el más popular para irse de copas con sus famosos "bares en ruinas". Esa zona es el viejo barrio judío que luego de la Segunda Guerra quedó abandonado y destruido. Estos bares son únicos: existen hace más de 10 años y fueron armados en edificios y lugares abandonados con muebles reciclados de ferias de pulga. Ahora, en esos espacios hay un ambiente cultural muy interesante y under.
Cosas para ver
Visitar el edificio del Parlamento es impresionante por su tamaño aún más grande que el de Londres. Queda en la orilla del río y es una mezcla de arquitecturas. Vale la pena ir a verlo y hay tours para hacerlo. Luego, está el Palacio Real que fue reconstruido doce veces. Es un edificio muy lindo que, hoy en día, contiene a la Galería Nacional y a la Biblioteca Nacional. Otro lugar imperdible es la Sinagoga que es una de las más importantes del mundo. También está la Basílica de Santo Estefano que es neoclásica y que se fundó en 1905. Arriba, desde el domo hay una vista increíble de la ciudad. La arquitectura mezcla lo árabe y lo romántico. En el jardín hay un memorial al Holocausto que se llama "el árbol de la vida". Para caminar, la más linda es la Avenida Andrássy con edificios espectaculares de estilo neo renacentista.
Museos
El Museo de Historia recorre 2000 años en tres pisos. Hay tres halls principales con piezas arquitectónicas muy importantes. Por ejemplo, uno de ellos tiene un marco de un puerta en mármol rojo con el escudo de la Reina Beatriz con un cuervo y un anillo. Hay colecciones de la Edad Media con estatuas góticas y muchas piezas de los 1000 años de la capital. También vale la pena ir al Museo de Bellas Artes porque tienen mucha variedad de obras. Hay objetos romanos, etruscos y griegos y también tienen pinturas del Siglo XIX, además tienen una de las colecciones más grandes de Europa de dibujos y grabados. Por último, se puede visitar el Museo Nacional de Hungría que tiene la colección más importante de reliquias nacionales y está dentro de un edificio neoclásico muy lindo construido en 1847.
Paseos
El parque más famoso se llama Memento y queda a 10 km de la ciudad y que es realmente un lugar único para visitar. Tiene más de 40 estatuas, bustos y placas de Marx, Lenin y Béla Kun en el medio de un parque gigantesco. Hay un paseo por un monte que se llama Castle Hill. Durante el recorrido, se atraviesa por un puente sobre el Danubio. En esos kilómetros de caminata se pueden ver los monumentos y museos más importantes de la ciudad. También se puede ir a la zona de Óbuda con calles angostas, museos lindos y buenos lugares para comer. Hay unas ruinas romanas muy interesantes.
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