jueves, 30 de marzo de 2017

EMIRATYOS ARABES: ABU DABI: Diez razones para descubrir

Diez razones para descubrir Abu Dabi
Playas de arenas blancas, un mar turquesa, edificios de vanguardia, palacios de ensueño, noches en el desierto y shopping de primera línea son sólo algunas excusas para visitar esta ciudad

Cuando comenté cuál era mi próximo destino la mayoría me contestó: "¿Abu qué?". Una amiga me dijo que le sonaba porque en el dibujo animado del gato Garfield, cuando éste no soportaba más a su novia, la despachaba en una caja que tenía una estampilla de esa ciudad. Otros me corrigieron: "Ah, te vas a Dubái". Y es entendible, porque es, de los siete emiratos que conforman los Emiratos Árabes Unidos -junto con Abu Dabi, Ajmán, Fuyaira, Ras al-Jaima, Sarja y Umm al-Qaywayny- el que más se ha hecho sentir en el mundo al posicionarse como meca del turismo de lujo en la costa del golfo Pérsico. Lo cierto es que poco se sabe acerca de Abu Dabi, que no sólo es el más extenso de ellos -ocupa casi el 80% del territorio- sino también la capital y la segunda ciudad más poblada de este pujante país asiático.

Además, generalmente, ese retazo de información no realza, precisamente, sus virtudes. Su ubicación en el golfo Pérsico, comúnmente asociado con conflictos bélicos; el calor extremo -durante el verano, en julio y agosto, el sol calienta a más de 48°-, la rigidez del Islam -además de que las mujeres practicantes deben respetar a rajatabla el código de vestimenta, la venta de alcohol en supermercados y bares está prohibida y sólo se puede beber en hoteles internacionales- y el idioma.


Pero a todo esto contesto que los Emiratos adoptaron un rol pacificador en esta zona caliente desde su consolidación en 1972, y que el invierno emiratí -de noviembre a mayo- es uno de los veranos más apacibles que he vivido: el sol no falla jamás, durante el día la temperatura no supera los 24° y, por las noches, puede bajar hasta los 10°, lo que permite caminar por la costanera de Corniche y sentir el viento del mar en la cara para luego dormir tapado con un edredón. De hecho, en este desierto hay tanta sed de frío que las liquidaciones en los shoppings suceden como en cualquier parte del mundo. Aquí, los trajes de baño se descuelgan de los percheros para darles espacio a los gorros de lana y a las camperas de polar por más que afuera esté para short y ojotas.

En cuanto a la vestimenta, es un mito que las extranjeras debamos usar niqab -salvo en las mezquitas donde se entrega un velo para cubrir el cabello- y que la policía religiosa está al acecho de turistas irreverentes. El código es olvidarse de las musculosas, de los vestidos ultra apretados y de las minis por encima de la rodilla. Fuera de eso, todo está bien. ¡Incluso usar bikini en la playa! También tengo que admitir que escuchar hablar en árabe es casi como pretender sentir el inglés en Miami. La lengua sajona es el nexo entre habitantes y turistas de todas partes del mundo.


Si estos argumentos no fueron suficientes, aquí diez razones más para viajar hacia esta megaciudad del siglo XXI que supo surgir en un archipiélago desértico delineado por las aguas cálidas y turquesas del mar Arábigo.

1. Una ciudad pop-up

Me gusta decir que Abu Dabi, y la historia de los Emiratos en general, tienen un espíritu "pop-up". Surgieron de repente, donde nadie los esperaba. Unos 250 años atrás, sus habitantes eran beduinos dedicados al comercio de perlas. Un buen día del año 1958 descubrieron que estaban parados sobre un colchón de petróleo que los transformó de tribus nómades en empresarios del mundo. Pero ese giro copernicano no revolucionó los valores de su gente gracias al liderazgo del Jeque Zayed bin Sultan Al Nahyan (q.e.p.d.), gobernador de Abu Dabi; más adelante, fundador y presidente de los Emiratos Árabes Unidos, e ídolo nacional. El Sheikh privilegió los caminos, las escuelas y los hospitales. El lujo llegó después y, con el mismo concepto de pop-up, en la costanera brotaron rascacielos de última generación que se erizan en los contornos de apacibles playas de arenas blancas. La arquitectura combina estilos futuristas -como el del complejo Etihad Towers, que aloja al hotel Jumeirah en una de sus cinco altísimas torres y que probablemente reconozcan los cinéfilos que hayan visto Rápido y Furioso 7- con otros que evocan Las mil y una noches. El mejor ejemplo es el Emirates Palace, un opulento hotel dirigido por el grupo alemán Kempinski que suele ser confundido con el palacio presidencial. Mármoles, cúpulas revestidas con pan de oro y más de mil arañas de cristales Swarovski ambientan este lujoso refugio de 850.000m².

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Abu Dabi podría apodarse "la ciudad de las fuentes". Están en todas partes, desde los hoteles hasta los shoppings, y cualquiera de ellas obliga a detenerse unos instantes. Una es más espectacular que la otra, con chorros que bailan coreografías y juegos de luces escenográficos. Su sonido convive con el de los motores de los Aston Martin, Lamborghini o Porsche -por mencionar solo algunas marcas- que son la banda de sonido de esta metrópoli.

2. Las playas

Estas espectaculares playas de arenas blancas y mar turquesa se disfrutan en bikini. Quizás algunos se sorprendan al ver algunas mujeres musulmanas que se zambullen ataviadas con niqab -velo que descubre únicamente los ojos- y abaya (túnica)- en las playas públicas. Otras, prefieren refugiarse en playas exclusivas para mujeres donde no se admiten ni siquiera a los hijos varones mayores de 6 años. Para asegurar su privacidad, están rodeadas por altos muros, las guardavidas son del mismo género y está prohibido tomar fotos. Volviendo a las playas, las hay públicas y privadas -donde se paga un canon por el servicio de reposeras, sombrillas y toallones-. Incluso los hoteles de lujo proponen esa opción a quienes no están hospedados. En el centro, la más popular es Corniche. Entre las privadas, las más atractivas se encuentran en las islas Yas y Saadiyat. En todos los casos, sólo es posible nadar hasta el atardecer.

3. Sus aromas y sabores

Abu Dabi tiene aroma a café especiado. Es que así se toma aquí: con un toque de clavo de olor, otro de cardamomo y sin azúcar, porque el rol dulce está reservado para los dátiles. Considerados frutas edulcorantes por su alto contenido de azúcar, son el remate perfecto. Hay que visitar el mercado de dátiles para probar todas las variedades -aquí se cultivan seis- y los tentadores derivados, como el jarabe (para bañar helados) y los exquisitos Chocodates: dátiles rellenos con almendras y cubiertos con chocolate (blanco, con leche o amargo).

4. Meca cultural

La isla de Saadiyat es el distrito cultural de esta ciudad que se prometió ser un faro para el resto del mundo y una oportunidad para conocer la obra de arquitectos de renombre. No sólo será hogar del Museo Nacional Zayed diseñado por Norman Foster sino también de las flamantes sedes del Guggenheim, a cargo de Frank Gehry, y del Louvre, por Jean Nouvel. La propuesta se completará con un Centro de Artes Escénicas, con el sello de Zaha Hadid, y un Museo Marítimo por el japonés Tadao Ando. Este ambicioso proyecto ya está en marcha pero aún no en funcionamiento. Por el momento, se recomienda visitar el centro cultural Manarat Al Saadiyat, que aloja muestras permanentes sobre la historia de la isla.

5. El shopping

Esta actividad casi entra en la categoría de deporte nacional: cuando el sol arde, es un entretenido pasatiempo. Los pasillos desbordan de mujeres que cargan paquetes y más paquetes de marcas imposibles como Manolo Blahnik, Chanel... Algunas van con un séquito de niñeras -una por hijo- para colaborar con esta rigurosa tarea. Hay más de una docena de malls pero dos obligados: Marina y Yas. El primero, por la cercanía del centro. Yas Mall aloja más de 370 tiendas y es una de las puertas de entrada al parque Ferrari World.

6. La Fórmula 1

Desde que, en 2009, el Gran Premio de Abu Dabi se sumó al Campeonato Mundial de Fórmula 1, el Circuito de Yas Marina es una cita obligada para fanáticos de la velocidad. El plan perfecto es alojarse en el futurista Yas Viceroy Abu Dabi Hotel, construido dentro del circuito mismo por lo que las habitaciones se convierten en palcos. Para vivir en persona la sensación de la velocidad, hay que animarse a Formula Rossa, la montaña rusa más rápida del planeta capaz de alcanzar los 250 km/h en sólo 4,5 segundos. La cita es en Ferrari World.www.ferrariworldabudhabi.com

7. Los hoteles de lujo y la shisha

Es difícil imaginarse una comida sin vino. En los restaurantes, las cartas de bebidas son extensas listas de mocktails -cócteles sin alcohol- e incluyen una selección de tabaco saborizado para fumar con shisha, el caballito de batalla para quienes buscan una velada relajante. Estas son parte del paisaje nocturno de Abu Dabi al recrear un ambiente de aromas frutados y un apacible sonido burbujeante. Pero no todo está perdido para quienes no estén dispuestos a resignar su copita del día. Los turistas armaron su propio circuito: con ingenio -y presupuesto- convirtieron a los lounges de los hoteles internacionales en refugios de sus costumbres.

8. La Gran Mezquita

La imponente Mezquita Sheikh Zayed se despliega en 12 hectáreas. Su fachada blanca resplandece por obra de los mármoles de Carrara y blanco Sivec que recubren su soberbia estructura de hormigón. Este descomunal templo con 82 cúpulas de estilo marroquí abrió sus puertas en 2007 y su capacidad para recibir unos 41.000 fieles la posicionó en el puesto 15 de los más grandes del mundo. Desde aquí, el adham (llamada a la oración) se transmite vía satélite hacia el resto de los templos de la ciudad. La principal sala de oración es una oportunidad para caminar sobre la alfombra más grande del planeta -con una superficie de 5627 m2, es obra unos 1200 artesanos iraníes que ataron 2.268.000 nudos- y para admirar las lujosas arañas de 10 metros de diámetro bañadas en oro y adornadas con cristales diseñadas por Swarovsky. Conviene visitarla de día, para verla brillar bajo el sol, y de noche, para apreciar la iluminación diseñada por el arquitecto Jonathon Speirs que refleja las fases de la luna sobre la fachada. www.szgmc.ae

9. El desierto

Desde Abu Dabi parten excursiones en 4x4 hacia el mar de arena. Temerarios conductores trepan las dunas a toda velocidad y, en lo alto, las camionetas se transforman en clavadistas mexicanos: se zambullen de frente en el polvo dorado. No es un paseo apto para estómagos sensibles pero sí una experiencia obligada en estas latitudes. El relax llega en un campamento en medio de la nada donde se prueba comida típica bajo las estrellas.

Otra manera de aproximarse al desierto es visitar el Hospital de Halcones, para ver de cerca a estas aves y comprender por qué se las respeta tanto en esta cultura. En tiempos tribales, los beduinos las entrenaban para cazar en el desierto. Ellas señalaban la presa. Con el petróleo, los carritos de supermercado reemplazaron la cetrería -hoy prohibida-. Sin embargo, estos ejemplares siguen siendo parte de las familias emiratíes. Viven sueltos en las casas e incluso comen a la par de sus integrantes. De hecho, al hospital llegó un halcón resfriado por dormir en la habitación de su dueño con el aire acondicionado. Los halcones tienen un pasaporte que los habilita para ir a volar -o a cazar- por otros cielos. Si alguien quisiera cambiar perro por halcón deberá tener un presupuesto abultado (cuestan más de cien mil dólares) y dirigirse a un centro de protección, que es donde se venden.

www.falconhospital.com
10. La vida familiar

Existe en Abu Dabi una marcada cultura familiar que hace que los más chiquitos sean recibidos con los brazos abiertos. Desde los juegos protegidos del sol en las playas hasta los parques de agua y las jugueterías -que ponen increíbles juguetes a su disposición-, las opciones de entretenimiento son interminables. Hay que estar preparado para que no paren un segundo y para saber decir que no cada vez que se anclen frente a alguna de las hipnóticas vidrieras que exhiben desde una jirafa de peluche a escala real hasta una Ferrari a batería. El dato: Mushrif Park, un espectacular parque que combina un pequeño zoológico, la recreación de un oasis donde los chicos pueden bañarse, una plaza con chorros de agua para que se empapen, juegos musicales y un tren que lo recorre de punta a punta.

Datos útiles

Cómo moverse: los taxis son una manera cómoda y accesible. Alquilar un auto tiene sus contras: las normas de tránsito son muy exigentes y es fácil ser multado. Una pintoresca alternativa es moverse por agua con el servicio de catamaranes de www.jalboot.ae .

Dónde dormir: lo ideal es alojarse en el centro, cerca de la costa. Una buena opción es alquilar un departamento por Airbnb. Hay opciones en torres con servicios, como es el caso de las Etihad Towers.

Emirates Palace. www.emiratespalaceabudhabi.com. Imponente hotel 7 estrellas construido sobre la costa y a metros del palacio presidencial. Desde US$ 600 la doble.

Dónde comer: Wafi Gourmet. Nation Towers. www.wafigourmet.com. Muy buen buffet de cocina libanesa con terraza con vista al mar.

Bill's Farm. Marina Mall Area, Wave Breaker. entainvestment.net . Carnes asadas en una terraza junto a las marinas del centro.

Agradecimiento a Abu Dabi Tourim &Culture por su colaboración. www.visitabudhabi.ae

jueves, 2 de marzo de 2017

ESPAÑA: BARCELONA: Guia gastronómica

Barcelona, guía gastronómica con muchos platos fuertes
Aunque las tapas están de moda, vale la pena probar la comida tradicional catalana, con ingredientes del mar y la montaña muy bien combinados, años de historia, circuitos por tabernas típicas y mercados, y chefs famosos

BARCELONA.- Quien no haya tenido el placer de probar el pá amb tomàquet (pan con tomate, en catalán), con toda su sencillez y sabor de origen, ya tiene un buen motivo para regresar a Barcelona. Este destino siempre en auge, que recibe unos ocho millones de turistas al año, tiene una cultura gastronómica tan rica y diversa en sus influencias, que trasciende las estrellas Michelin de los afamados chefs que hicieron de Cataluña uno de los mejores lugar del mundo para comer. La buena mesa es tan importante en esta región, que un dato lo dice todo: el primer libro de cocina en catalán e impreso en Barcelona, el Llibre de Coch, data de 1520. Escrito por el maestro catalán Robert de Nola, cocinero de la Corte de Nápoles, sus recetas son una referencia de la cocina medieval, antes de la introducción de los ingredientes americanos: el tomate, la papa y el chocolate, que siglos más tarde hicieron tan suyos.

Muchos viajeros se vuelcan a las tan promocionadas tapas españolas, en todas las regiones por igual, porque están de moda. No está mal, pero se pierden los sabores locales y con un poco de esto y de lo otro, se termina pagando de más, porque el tapeo siempre resulta más caro que una comida.


Especialmente en Barcelona, donde más que una mínima ración la tapa es concebida como un plato en sí mismo. Aquí se dice que la única tapa inventada en esas tierras es la bomba, una pelota de papa rellena de carne de cerdo y ternera. Por ese y por tantos otros motivos, mejor comer a lo catalán más que a la moda. En esta región de mar y montaña, todo puede fundirse en un plato. "Por más que suene extraña la combinación, se prepara el pollo con cigalas o con gambas. Los arroces también son típicos, el arroz a la cazuela, también llamado arroz de montaña o de pagés (campesino) es un plato de toda la vida, especialmente para la mesa dominical, que se hace con conejo, alcauciles, verduras de estación o con pescados de todo tipo y mariscos", cuenta Montserrat Planas, de Barcelona Turisme, sobre lo que cocinan los catalanes en el fuego de sus cocinas.

Quien quiera adentrarse a los sabores del mar, una curiosidad: los pescadores de Barcelona tienen su propio tour que incluye un menú marinero. De las aguas del Mediterráneo sacan a diario, sardinas, boquerones, jurel (todo pescado azul). Y por la tarde, abastecen los mercados de merluza, rape, calamares, lenguados y sepias. "Un plato marinero recomendable es el suquet con papas, que hacen los pescadores en los barcos, con cualquier pescado. Se basa en un sofrito con papas, coronado con pescado", sugiere Planas.


Para comer muy bien, no hará falta desembolsar grandes sumas de dinero. Los catalanes son amantes de la buena mesa, exigentes con la calidad y frescura de los alimentos porque su cocina se basa en productos de estación, de lo que se encuentra en el mercado. Amantes del aceite de oliva y el pimentón, es común en los pulmones de edificios, sentir el aroma a pescado bien condimentado, que desprende alguna sartén. No es buen lugar, claro está, para tender la ropa. Dato para los turistas que alquilan departamentos. Como lamentablemente no podemos ser de la partida en lo del vecino, como primera medida hay que zambullirse en sus mercados para descubrir qué se come en esa estación.

Los mercados municipales suelen ser un paseo formidable, en estos casos, como un viaje en el tiempo. De frente a la Rambla, La Boquería es el más famoso. Y más frecuentado por turistas. La buena noticia es que hay 38 mercados más para visitar. Pocas ciudades del mundo tienen una red semejante, por lo tanto, el Ayuntamiento les da un trato especial añadiendo propuestas culturales y lúdicas para convertirlos en puntos de referencia social, en cada barrio.

Tour con buen sabor

Cesc y Alex son dos periodistas catalanes, apasionados por la gastronomía local y juntos conforman Aborígens. La dupla organiza viajes culinarios, servicios de consultoría y afortunadamente ofrecen tours para viajeros por sus rincones favoritos barceloneses (y de toda Cataluña). "Fomentamos el turismo de proximidad, cómplice con el territorio, sensible con los productos estacionales y fiel a nuestra tradición culinaria". De la mano de estos expertos en sabores catalanes, uno de los circuitos comienza en el encantador mercado del Ninot (Carrer de Mallorca 133), uno de los mercados históricos que debe su nombre a un mascarón de proa. Durante el paseo, hablan de un pilar de sus platos. "El cerdo, que lo es todo", y citan el refrán español: del cerdo hasta los andares, porque literalmente se comen hasta las patas.

Los platos se basan principalmente en esta proteína animal, porque en otros tiempos era más barato que comer pollo. La matanza del cerdo significaba comida para el invierno. Y señalan un error común del viajero: pedir jamón ibérico. "No es típico aquí. Y el cerdo catalán está extinto. Las razas porcinas blancas que se crían en Cataluña son Landrace, Large White, Piétrain y el Duroc, que hoy se considera el más cercano a lo que era el cerdo catalán", explica Cesc. El embutido catalán tradicional es las longaniza, hecha con partes de la espalda y del jamón, con sal, pimienta. Las grandes que se curan entre seis u ocho meses hasta unas de 15 días. El gran protagonista es el fuet, de unos 35 mm (fuet significa "látigo" en catalán). Después del cerdo, otra parte importante de la cocina catalana es el bacalao. Está en todos los sitios, aunque no es un producto del Mediterráneo. Es que antiguamente era muy barato. Los vascos lo introdujeron en el norte de la península y al ser un pescado curado en sal era el único que se podía transportar. La receta típica catalana es bacalao a la llauna (lata), que no falta en Semana Santa con su sencillez y gran sabor.

La visita con los Aborígens continúa por uno de los locales Morro Fi (Consell de Cent 171) punto de encuentro para el aperitivo, que está en pleno auge entre los locales. En este lugar simple y pequeño, de barra de mármol, se sirve vermut (vino macerado en hierbas) blanco o negro, de elaboración propia, bien acompañado de anchoas y aceitunas, calamares, pescados en conserva y almendras fritas. Todo aderezado con salsa vermut: pimentón, vinagre y sal.

A tomar nota, San Antoni es el barrio de los aperitivos. Y a continuación, un trago al paso por la antigua bodega Vendrell, que vende vino a granel desde 1934. Cesc y Álex aman esos lugares, que resisten todo. Parece una foto antigua, con sus barricas y decoración. Quienes compran ese vino pagés, que es una mezcla de varietales, elaborados por distintas cooperativas, tiene por costumbre tomar una copa bien fría, con chips y aceitunas, mientras son atendidos. Y eso hacemos. Y es verdaderamente económico. Después, tomamos cerveza artesanal en Biercab (Muntaner, 5) un espacio moderno y cálido a la vez con mucha madera, donde hay 30 grifos para deleitarse y platos pensados en función de la cerveza. Y como en todos los nuevos sitios de tapas, tienen su propia versión de la más icónica de todas, las patatas (papas) bravas, que las hacen cuadradas, confitadas y fritas y sale con una salsa picante. Claro, debe ser brava. Al mediodía, almorzamos comida catalana en Bodega Sepúlveda (Sepúlveda 173 bis), un restaurante que abrió sus puertas hace más de 60 años. Fue inicialmente una bodega que tenía el hogar de los propietarios en la planta alta, algo muy común en la época, pero que al empezar a servir comidas fue ganando todos los espacios de la casa para convertirse en el restaurante mítico, que es hoy, que supo cultivar un espíritu intelectual de izquierda. Su carta es ciento por ciento tradicional. Hay escalibada, ensalada típica de berenjena y pimientos asados. Bacalaos. Los platos que une mar y montaña: pollo con langosta, patas de cerdo con gambas, albóndigas con sepia, calamar relleno con cerdo. Sopas tipo puchero y el clásico Cap i pota, en vinagreta: cabeza y pata de ternera.

La cerveza histórica

Si de lugares históricos se trata no puede faltar una visita a la antigua fábrica Moritz, la primera marca dedicada a la elaboración de cerveza en Cataluña. Fue fundada en 1856 por Louis Moritz, un inmigrante de Alsacia, que apenas instalado en Barcelona, comenzó a elaborar en su casa cerveza de autoconsumo, que no pasó inadvertida por el aroma característico de cocción del lúpulo. Hoy, el negocio continúa en manos de la familia Moritz, que en su quinta generación decidió reciclar la vieja fábrica (Ronda de San Antoni 39). La fábrica que antiguamente había sido construida en el campo, fuera de las antiguas murallas de Barcelona, cuando éstas fueron tiradas abajo, con el tiempo quedó en una situación céntrica. En los años 50 tuvo que dejar de funcionar porque el Ayuntamiento ya no permitía el tránsito de camiones (la actual fábrica funciona en Zaragoza). Así que después de medio siglo, en 2012 volvió a abrir sus puertas convertida en un templo gastronómico de la mano del gran arquitecto francés Jean Nouvel, el mismo que erigió la icónica Torre Agbar de Barcelona. Después de 10 años de recuperación, de cifras millonarias, Nouvel fusionó lo antiguo y lo moderno, a lo largo de tres plantas, dedicadas a la cerveza con cartas elaboradas por el prestigioso chef Jordi Vilà, que en la carta cervecera de planta baja, más popular, democratiza la gastronomía, de influencia alsaciana. La cerveza está elaborada con agua mineral y lúpulos frescos, florales, de Saaz (una región de la república Checa) que le dan ligereza.

Por otro lado, al ser elaborada para el autoconsumo en el lugar y al mantenerse a dos grados de temperatura, se sirve sin pasteurizar, lo que le añade un sabor más especial, con muchos matices. En el subsuelo está el restaurante Louis 1856, que rinde culto a su fundador y reconstruye el recorrido de Moritz desde su tierra hasta Barcelona y un bistró de vinos. Y en la primera planta funciona su última inauguración, el restaurante Alkimia (que tiene una estrella Michelin), de su chef Jordi Vilà.

La competencia histórica de Moritz es Damm. Inauguró en Barcelona en 1876, también por alsacianos que huían de la guerra austro-húngara, August Kuentzmann Damm y su mujer Melanie. Así que en Barcelona ¡la cerveza es alsaciana!

Aunque no tenga fama internacional, Barcelona tiene gran tradición chocolatera. Para muestra, basta un museo, que está situado dentro del Convento San Agustín, el Museu de la Xocolata (calle Comerç, 36). El ticket de entrada es de chocolate de verdad y en su interior se muestran el proceso de elaboración (en la planta baja se puede comprar y beber una taza de chocolate). Tras la llegada de América, el chocolate fue adoptado de inmediato por los artistócratas y popularizado en siglo XVII. EL barón de Maldá (1746-1819) dejó en sus escritos Calaix de Sastre la importancia de este alimento, que se bebía en reuniones.

También, por sus propiedades, fue importante entre la milicia. A los soldados de elite, que consumían más chocolate que el resto, los llamaban "los chocolateros". Algunos lugares especiales para comer o beber un chocolate caliente: Escribà (Ramblas, 87), Valor (calle Tapineria, 10), Granja 1872 (calle Banys Nous, 4), Granja Viader (calle D'En Xuclà, 9-6), La nueva chocolatería de Oriol Balaguer (calle Fusina, 5), Chocolate Amatller (Passeig de Gràcia, 41).

Datos útiles

Mercados. Están divididos en tres rutas. La modernista de finales del siglo XIX y principios del XX (de la Llibertat, de Galvany, de Sarriá, de Sant); la emblemática, que por sus dimensiones, diseño o situación son especialmente significativos (de la Boquería, de la Concepció, Santa Caterina, Encants Barcelona, Fira del Bellcaire, de la Barceloneta y San Antoni) y los nuevos, construidos durante el siglo XX. www.mercatsbcn.com

Comer y beber. Visita a los pescadores de la Barceloneta ofrecen un recorrido guiado y un completo menú marinero. 35 euros por persona. También hay opciones de tapas marineras y bebida, por 15 euros. www.3nusos.com/cofradia

Tour gastronómico por la ciudad con Cesc y Alex de Aborígens. Ofrecen varios tours de unas 4 horas (son grupos reducidos). Cuestan entre 110 y 140 euros (IVA incluido), por persona, e incluyen bebidas y comidas. Hay tours por vermuterías, mercados, nuevas tapas y un circuito para exploradores. http:/aborigensbarcelona.com; e-mail: hola@aborigens.cat

El barri Adrià: www.elbarriadria.com.es Tickets (Avenida Paral- lel 164), desde, 110 euros por persona.Pakta (Lleida 5), desde 125 euros. Bodega 1900 (Tamarit 91), desde 45 euros. Niño Viejo/ Hoja Santa (Avenida Mistral, 54), desde 35 euros./Enigma (Sepúlveda 38), desde 220 euros.

Rías de Galicia y Espai Kru: (Lleida 7). Comida promedio, 100 euros. www.riasdegalicia.com y www.espaikru.com

Morro Fi: Consell de Cent 171. http:/morrofi.cat/

Fábrica Moritz (ronda de San Antoni 39) moritz.com.es

Bodega Sepúlveda (Sepúlveda 173 bis) www.bodegasepulveda.net

Restaurantes recomendados: Gresca restaurante, gresca.net; Disfrutar; http://es.disfrutarbarcelona.com/, Alkimia, www.alkimia.cat. De nivel intermedio: Luis de les Moles www.lluisdelesmoles.com: Fermi Puig; www.restaurantfermipuig.com/es/


Más información. Barcelona Turisme www.barcelonaturisme.comwv3/es/

martes, 21 de febrero de 2017

ESPAÑA: Tenerife, la isla española que parece del Caribe

Tenerife, la isla española que parece del Caribe
Tierra de corsarios y navegantes, reina el verano durante todo el año, con buenas playas, volcanes, windsurf, casas coloniales y ritmo tranquilo

SANTA CRUZ DE TENERIFE.- En esta época del año, Tenerife se convierte en un cálido refugio para los europeos que huyen de los cielos grises y de las calles heladas. Bañada por las aguas del Atlántico, frente a Marruecos, la isla ofrece mucho más que reposeras al sol todo el año: convoca -por la herencia grandes navegantes y corsarios- una espectacular geografía, de origen volcánico que aloja el pico más alto de España , El Teide (3718 metros sobre el nivel del mar) que es nada menos que la tercera estructura volcánica y voluminosa más grande del mundo, después del Mauna Ioa y el Mauna Kea en Hawái. Junto a otra particularidad que funciona como un imán para los más aventureros: mucho viento en el Sur, para remontar tablas de windsurf y kitesurf.


La animada Tenerife es la más extensa y poblada del archipiélago canario (junto con El Hierro, La Gomera y La Palma, conforman la provincia de Santa Cruz de Tenerife, mientras que Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote integran la provincia de Las Palmas).

"Y este acento suena caribeño", puede pensar el visitante en su primer intercambio de palabras con los canarios. El acento musical, tan suave y alegre de la recepcionista del hotel de Santa Cruz, es idéntico al de una venezolana. Pero, error. La mujer era una auténtica canaria. Las comparaciones con la cultura caribeña, acompañan paso a paso, durante toda la estancia, entre sus casas coloridas, de claro estilo colonial, en los restaurantes, comiendo ropa vieja, mientras suena salsa de fondo. Es que el archipiélago fue un puente para los navegantes que viajaban entre Europa y América. El intercambio cultural fue muy intenso. Desde el primer viaje de Cristóbal Colón, sus pobladores fueron instalándose preferentemente en Cuba, República Dominicana, Venezuela, Puerto Rico y Uruguay. En el Caribe identificaban a los canarios como los isleños. Los viajes de ida y vuelta, a través del tiempo, fueron modelando las semejanzas.

Cinco siglos de historia

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San Cristóbal de la Laguna, antigua capital de Tenerife, tiene más de 500 años de historia, cuando en 1494, el hidalgo conquistador castellano-andaluz, Alonso Fernández de Lugo incorporó la isla en la Corona de Castilla. Su casco histórico de estilo colonial, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999, se caracteriza por carecer de murallas y por atesorar en monumentos de tipo religioso, como su imponente Catedral, de fachada neoclásica, rodeada de palmeras.

En el noroeste de la isla, a 545 metros sobre el nivel del mar, es la segunda ciudad más poblada de Tenerife, después de Santa Cruz, de cara al mar. Si se llega en avión al aeropuerto Tenerife Norte, el casco está de camino. Vale la pena detenerse y perderse por sus callecitas con casas de colores y encanto colonial. Pero no todo rinde culto al pasado. San Cristóbal continúa siendo un centro intelectual del archipiélago. Allí funciona el hospital Universitario de Canarias y el Instituto de Astrofísica de Canarias, que aprovecha la calidad de sus cielos.

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Santa Cruz, la ciudad portuaria y capital de la isla, es famosa por sus carnavales, uno de los más espectaculares del mundo.

Los tinerfeños se preparan todo el año para lucir sus trajes. Durante el Carnaval la ciudad no descansa. Festeja día y noche, con bailes y agrupaciones de inspiración caribeña que se reparten por toda la ciudad. Hay desfiles de carrozas, murgas de adultos y otras de niños, desfiles de caballos. Junto con la elección de la reina, hay otras tradiciones que se celebran año tras año, como El Entierro de la Sardina, el miércoles de Ceniza, que no es más que una parodia de un cortejo fúnebre que simboliza el entierro del pasado, los vicios y la locura que los domina durante esos días de Carnaval. La sardina gigante, de piedra y cartón, es realizada por los presos de la cárcel Tenerife II

En menos de un día, el centro puede recorrerse a pie. El corazón de la ciudad es la Plaza de España, con su fuente hecha en mármol, frente al Paseo Marítimo. Fue construida sobre el castillo San Cristóbal, del que sólo quedan algunas de sus murallas exhibidas en una galería subterránea de la plaza, que servían de defensa frente a los ataques piratas. Hacia un costado, se erige el monumental edificio de Correos, obra de José Enrique Marrero Regalado (1897-1956), el gran arquitecto de Tenerife, que construyó el Cabildo y el Mercado Nuestra Señora de África, donde se venden alimentos frescos y típicos canarios.

La oferta gastronómica es muy variada y como en muchos destinos, orientada al turista. Lo mejor es preguntar por el restaurante canario popular más cercano. Así se probarán a un precio razonable los sabores autóctonos, de influencias latinoamericanas, africanas y de la península española. La Bodeguita Canaria es uno de ellos (calle Imeldo Serís 18). Imperdibles las papas negras (pequeñas, de textura suave y cremosa, acompañadas con mojos rojo, con pimiento y cilantro), ropa vieja, tortilla y queso canario empanado. El lugar es sencillo, pero la comida, un lujo al paladar.

La vuelta completa

Quien quiera dar la vuelta en auto a la isla puede hacerlo en un día si se lo propone, pero lo más recomendable es hacerlo en dos, para disfrutar de cada parada. A 20 km de Santa Cruz, el pueblo La Candelaria es un lugar interesante para detenerse. De cara al mar, se encuentra la Basílica de Nuestra Señora La Candelaria, la Patrona de las Islas Canarias, que le da nombre al lugar. Detrás de la Basílica, la cueva de Achbinico, es de interés religioso y arqueológico, ya que los guanches, originarios de estas islas, rendían culto a sus divinidades y después de la conquista castellana (1496), por primera vez, a la virgen María. Al costado de la Basílica una fila de esculturas que representan a los hombres guanches, emparentados con los bereberes del norte de África.

Unos kilómetros más hacia el Sur, el pueblo El Médano es un lugar encantador, no sólo para los amantes del surf, kitesurf y windsurf. Su playa, Leocadio Machado, flanqueada por restaurantes y locales de deportes, ofrece una postal única, por el médano gigante, la montaña roja, que se eleva a un costado. Las arenas negras, de origen volcánico, con destellos plateados, se iluminan por el sol. Hay que enterrar los pies en la arena, olvidarse del viento, que sopla con furia, y posar la mirada en el vaivén de las olas y la gran velocidad que toman los deportistas que se deslizan sobre el agua. Hay que verlo. Y en el mejor de los casos, vivir la experiencia en el agua. El Médano es sede del campeonato del mundo de kitesurf.

Bien hacia el sur de la isla, Playa de las Américas ofrece un lugar para el descanso, con todas las comodidades de hoteles de categoría, pero sin el sabor de lo autóctono. Si se sintonizan radios locales, se escuchará inglés, ruso, alemán. Es un destino orientado a turistas que buscan lugares nuevos, concurridos, discotecas y fiestas ininterrumpidas. Si se buscan actividades y bullicio, es el lugar.

Ya en la costa oeste, Acantilados Los Gigantes ofrece unas panorámicas inquietantes. Sus paredes alcanzan una altura que oscila entre los 300 y 600 metros. Imponente escenario para un pequeño pueblo que descansa a sus pies. La geografía accidentada y diversa de la isla, invitan a desplazarse por caminos de montaña, donde kilómetro a kilómetro el paisaje, y las temperaturas cambian.

A Garachico hay que verlo desde las alturas, en primer lugar, para observar su gran roque, donde golpean las olas, a escasos metros de su puerto. Es un pueblo fundado por Cristóbal de Ponte, un banquero genovés. Su puerto fue el más importante de la isla durante los siglos de esplendor, XVI y XVII. En 1706, una erupción volcánica del Trevejo sepultó gran parte del pueblo, pero resurgió de sus cenizas. Su casco histórico, adoquinado, elegante y muy bien conservado, fue declarado Bien de Interés Cultural. Seguramente darán ganas de quedarse. No hay que perderse los piletones naturales conocidos como El Caletón, formados por la lava. Como curiosidad, hay una escultura dedicada a Simón Bolívar, por sus antepasados garachiquenses.

Quien quiera más aventura, deberá organizar una visita al Teide. Se requiere tramitar online un permiso para su ascenso. Se recomienda visitarlo por la mañana temprano, o hacia el atardecer, por los colores del cielo, que se refleja en las rocas.

Datos útiles

Gastronomía. Hay restaurantes para todos los presupuestos. Un menú parte de los $ 255. En La Bodeguita Canaria hay platos por $ 100. www.bodeguitacanaria.com

Más información. www.webtenerife.com/interes/oficinas-de-informacion-turistica/ www.volcanoteide.com/es/teleferico_del_teide/la_experiencia

jueves, 16 de febrero de 2017

BRASIL: MORRO DE SAO PAULO: Un conjuro bahiano

Un conjuro bahiano
El Morro de San Pablo, en el estado de Bahía, puede ser un cautivante destino final o el acceso al archipiélago de Cairú, con sus inagotables playas y postales idílicas
   

La apartada playa de Gamboa, en la isla de Tinharé, no muy lejos del Morro de San Pablo. Foto: Embajada de Brasil / Martín Mangudo
El Morro de San Pablo se lo pone fácil a los operadores turísticos. Playas turquesas delineadas según sus prestaciones, puestas de sol de publicidad de negronis, múltiples opciones de ocio y farra multilingüe.

Puede que los fans de toda la vida presuman en tono elegíaco que ya no es el mismo de hace veinte años. Ellos tampoco lo son, aunque ninguno tira la toalla y cada año se calzan la camisa con palmeras y tucanes y marcan tarjeta. Como otros miles que se dejan tentar por su leyenda y se dan una vuelta para comprobarla.

Probablemente volverán: según un relevamiento del Ministerio de Turismo brasileño, el Morro de San Pablo es uno de los destinos con mayor índice de aprobación y retorno del país. Por eso el Embratur, organismo de promoción turística de ese país, lo escogió entre 5570 ciudades brasileñas, muchas de ellas aptas para concurso de belleza, como uno de los destinos inductores de la Copa del Mundo 2014.

Situado a 60 kilómetros de Salvador, en la isla de Tinharé, el Morro es el escaparate principal de Cairú, archipiélago de 26 islas que conforma un book de atractivos de toda naturaleza, sean ambientales, turísticos o históricos. El Morro ya era una apostilla en los códices del siglo XVI. Hasta hoy, la pequeña villa que dio origen al municipio guarda un rico patrimonio, como la Fortaleza, la Iglesia de Nuestra Señora de la Luz, la Fuente Grande y el Faro, estos últimos registrados en el cuaderno de bitácora del emperador Pedro II durante su visita en 1859. Las calles de piedra y un puñado de caseríos también perduran como legado de aquel refulgente pasado de colonia.

Si uno llega en ferry se topará en el muelle con jóvenes que se encargan por 10 reales de trasladar en carretilla el equipaje hasta el sitio de alojamiento consensuado. La pertinencia del servicio depende de lo que uno lleve encima. La pendiente puede llegar a ser asequible sólo para apolíneos de gimnasio o incluso enclenques con bolso de mano.

Subida la cuesta, un pórtico del siglo XVII anuncia la llegada a la villa. La pieza forma parte de los pertrechos que los portugueses construyeron para enfrentar a las invasores holandeses, que en aquellos años poco tenían que ver con el prototipo sustentable de costumbres liberales.

Pasada la iglesia Nuestra Señora de la Luz, una escalinata conduce hacia la parte alta del Morro, donde el faro, que también forma parte del conjunto defensivo de la isla, marca la entrada a la bahía.

MENÚ DE PLAYAS

Arribar hasta estas costas tiene su intríngulis -entre otros vestigios de civilización, ni siquiera llegan los diarios del día-, pero una vez superado el examen todo vuelve a su cauce. El Morro se las arregla para atraer a la familia al completo, lejos del acelerador de la urbe, llámese Salvador o Buenos Aires, con un mar que reviste tanto de club náutico como de una serena villa de pescadores.

Como si hubiera sido objeto de un plan de laboratorio de marketing, el Morro se divide en cinco playas, cada una con su singularidad a cuestas. Si el Morro es uno de los mejores sitios de Brasil para la práctica de surf, la actividad se concentra mayormente en la primera playa. Pedra do Moleque recibe un oleaje del Este que alcanza su mayor poder y quiebra en un banco de corales. En su margen izquierdo, la Quebrancinha es otro de los puntos de atracción para la fraternidad de las tablas.

La segunda playa, en tanto, llama a la celebración, las batidas bahianas que cambian cada año como canción de verano y concentra además la oferta gastronómica. La tercera pide calma y es el refugio de los buceadores. La cuarta ofrece piscinas naturales y la quinta, bautizada como la Playa del Encanto, reúne la mayor constelación de arena y paisaje de trópico de la zona.

AGENDA NOCTURNA

Los que llegan en procura de verbena tienen un menú rico en fiestas improvisadas tanto como en discotecas. Bailarán en todos los idiomas y participarán de tertulias en portuñol, italiano o hebreo, ya que la región se convirtió en un destino frecuente para los jóvenes judíos que egresan del servicio militar. Tanto como para que se haya filmado en estas playas una serie de doce episodios, Malabi Express, que refleja las aventuras de un grupo de israelíes en estos parajes de la costa de Dendê.

La noche del Morro se traviste de la tan mentada brasilidade. Los restaurantes y bares que se apilan frente a la costa, los cantantes de repertorio cursi, los carritos atiborrados de aguardientes y frutas tropicales, entre todos componen una comparsa a cielo abierto que en días de alta temporada se prolonga hasta pasada la madrugada. Si hay derroche de caldo de gente, unas vueltas en primera línea de mar proveerán de recambio y alivio.

Un clásico de las convocatorias morrenses son los luaus, fiestas a beira mar que obedecen al calendario: lunes y jueves. El fixture, que puede variar según las condiciones climáticas, reparte el miércoles a los ensayos o shows del Teatro del Morro, y viernes y sábados a los boliches. Cualquiera que deambule por ahí se va a enterar sin necesidad de contraseñas ni datazos.

Al que le quede chico el horizonte, tendrá la posibilidad de salir en barco o lanchas de excursión a las islas próximas. El paseo Volta a Ilha (60 reales en temporada baja) contempla un derrotero de unas horas por los municipios de mar adentro con regreso por la tarde. También hay opciones para quedarse a hacer noche en algunas de las islas, algunas de ellas con promesas de turismo diferencial. Cuanto más lejos, más silencio.

Sin el recurso de las embarcaciones, a media hora de caminata con marea baja, se encuentra la playa Gamboa, puntal de la vela y el yate de Tinharé. Acá también son famosos los baños de arcilla, a la que le adjudican propiedades revitalizadoras de la piel. Para enjuagarse basta un chapuzón en sus aguas tranquilas y calientes. Si al regreso la marea pegó un estirón, una lancha lleva de regreso al Morro por unos 3 reales.

Muchos coincidirán en las celebradas puestas de sol a varias puntas. Una opción es la Fortaleza de Tapirandu, conocida como el Fuerte del Morro, entre 700 metros de murallas y ruinas que retozan en la costa. Otro convite es el boliche A toca do Morcego, a 60 metros sobre el nivel del mar, con los correspondientes DJ y siluetas tostadas en aceite de oliva. Cualquier tramo de la ribera oficia de platea para la llegada del crepúsculo.

Si uno continúa por la misma senda de este chill out, tras una mata de cocoteros y palmas se encontrará con el faro, que ofrece desde sus miradores una panorámica de las playas de tarjeta postal. Los guías juran por sus hawaianas que se pueden avistar delfines en el atardecer. Desde una de las plataformas, los aventurados se pueden lanzar -previo pago de 35 reales- por una tirolesa que permite llegar al mar por un atajo de 340 metros.

EL CRAC ANFITRIÓN

Si bien el destino aún no perdió su vocación bohemia y su imán como meca de mochileros, la sofisticación de sus resorts a todo trapo convive con la villa de moradores del país real. La aldea hippie de antaño mutó en los últimos tres lustros en un complejo de 120 posadas y resorts que albergan a un total de 20.000 turistas por temporada, con picos máximos en el Reveillon de fin de año y la llamada resaca de Carnaval.

Uno de los vecinos ilustres de la comarca es el último ídolo del Flamengo, el futbolista serbio Dejan Petkovic, que emigró para la isla y se convirtió en anfitrión del jet set internacional desde su Patachocas Eco Resort. El Pet -se pronuncia Pechi- se convirtió en el orgullo de los locales y recibió el título emérito de Cidadao Cairuense.

Como todo destino vacacional, en el centro desfilan las tiendas de tejidos y bijouterie tan deudoras de la cadena de montaje que representan las ferias de artesanía en todo el mundo, desde Yucatán hasta Liniers. Similares hasta en sus pretensiones de refinamiento. En medio del paseo de compras, uno se puede encontrar con un sound system evangelista, con raperos que vociferan loas a Dios como sucedáneos de Snoop Dogg en plan proselitista y pantalón de tiro alto.

De los 80.000 compatriotas que recibe el estado de Bahía cada año, algunos pierden el pasaje de vuelta. Un 10 por ciento de los cinco mil habitantes de la villa son argentinos, mano de obra calificada para las relaciones públicas y la gestión de la noche.

Uno de los anzuelos del Morro es la ausencia de coches y esta condición, en vivo y en directo, adquiere su sentido. Caminar de la primera a la cuarta playa demanda 20 minutos a través de la arena. La movilidad se limita a la tracción propia o a unos jeeps de ocasión que acceden a los enclaves más alejados por caminos lentos y enrevesados. Aquí no queda otra opción que bajar un cambio y dejar el reloj en el hotel. La ansiedad ya nos irá a buscar al aeropuerto en el regreso.

DATOS ÚTILES

Dónde comer
El restaurante Anís, dentro del Hotel Natureza, ofrece comida típica bahiana con sello propio.
www.hotelnatureza.com

Cuándo ir
Entre septiembre y abril es la época ideal, de mayo a agosto es período de lluvias. La temporada alta es enero y febrero, con demanda total en el Reveillon de fin de año, y la llamada resaca de carnaval, semana posterior a la fiesta, cuando los precios se duplican.

Qué hacer
Paseos en barco a las islas del archipiélago de Cairú, práctica de surf.
Clases de buceo: bautismo para principiantes (130 reales por persona), curso básico de 5 días (880 reales por persona), curso avanzado (880 reales por persona). Salidas embarcadas (2 inmersiones de barco) a 220 reales con equipamiento incluido.

Más información
Comité Visite Brasil, Embajada del Brasil en Buenos Aires, Cerrito 1350,
Entrepiso. Teléfono, 4515-2422.
turismo@brasil.org.ar
buenosaires.itamaraty.gov.br
www.visitbrasil.com

martes, 7 de febrero de 2017

GRAN BRETAÑA: LONDRES: Los más antiguos pubs


Los más antiguos pubs de Londres
De paseo por una tradición social de la vida londinense.

El escritor Samuel Pepys decía ya en 1660 -en su famoso diario personal- que los pubs eran "el corazón de Inglaterra". Hoy siguen siendo una institución social, hay más de 52.000 pubs en Inglaterra y allí, desde siempre, la clientela pasa un buen rato charlando, bebe cerveza, juega al billar, los dardos o el ajedrez. También puede oír música en vivo o ver un show teatral, aunque eso es más raro. Y por supuesto, en un pub se puede comer: los platos más populares son el pollo asado y el pescado con papas. Un menú puede costar 12 libras esterlinas y la "pinta" de cerveza -es la medida inglesa para esta bebida- ronda las 5 libras

Londres tiene casi 4.000 pubs y algunos existen desde hace más de trescientos años. Un experto que ha manejado pubs durante años en Oxfordshire, George Dailey -junto a su hija, la fotógrafa Charlie Dailey- se ocupó de recorrer 22 históricos pubs de Londres en un libro, "Great pubs of London", recientemente elogiado por la BBC. Los autores se concentraron en las anécdotas e incidentes relacionados con cada pub, no ya en la calidad de la cerveza.

Nags Head
En el elegante barrio de Belgravia, donde abundan las embajadas y está la tienda Harrod's, el pub "Nags Head" se enorgullece de la máquina que usan para servir la cerveza artesanal, tiene más de 150 años y es de porcelana de Chelsea. El bar está decorado con espléndidas fotos, posters y antiguos juguetes. Eso sí, el bartender es bastante severo, quienes intenten hablar usando el teléfono celular no serán apreciados.

The Blackfriar
En la parroquia de Ludgate, en Blackfriars, el pub "The Blackfriar" data de 1875 pero parece una reconstrucción de la Inglaterra medieval. El techo es de mosaicos decorados, hay columnas de mármol y las figuras de antiguos sacerdotes vestidos de negro -los black friars- aparecen en cada rincón, comprensivos e indulgentes con los bebedores.

The French House
En el Soho, artistas, escritores, actores y fotógrafos frecuentan "The French House", se llama así desde 1914 y tiene el ambiente bohemio que muchos clientes aprecian. Dicen que era el preferido de Charles de Gaulle durante su exilio en Londres en 1940.

The Prospect of Whitby
"The Prospect of Whitby", en el distrito de Wapping, sobre la orilla norte del río Támesis y cerca de la City bancaria, fue reconstruido en el siglo XVIII, pero sus cimientos datan de 1520. Se dice que entre la clientela estaba Charles Dickens, Samuel Pepys y Samuel Johnson, todos ellos entusiastas de la riñas de gallos, típicas de este pub en sus inicios.

The George Inn
Según cuenta George Dailey, no hay un pub de Londres que pueda decir que su arquitectura interna sea la misma que tenía en el siglo XVIII pero "The George Inn" es la que más se acerca a ese ideal. Está en Southwark, en Borough High Street. En esa época, casi en el límite de las murallas de la City londinense. Y allí se representaban obras teatrales de Shakespeare.

The Grapes
Charles Dickens decía en 1865 que el pub "The Grapes", ubicado en el distrito de Wapping junto al río Támesis y los docks del puerto de Londres, era "una taberna que había sobrevivido a muchos casi a orillas del agua, siempre a punto de tirarse pero sin decidirse". Es que el edificio data de 1720 y el barrio era frecuentado por marineros y estibadores, Dickens se inspiró en el lugar para escribir su gran novela "Nuestro amigo común".

The Ship Tavern
Detrás de una estación del subte de Londres, Holborn, "The Ship Tavern" fue reconstruido en la década de 1920 y se dice que nació en el siglo XVI como un primer refugio para fieles católicos. En esa época era una zona rural, hoy es el céntrico distrito de West London.

The Dove
En el barrio de Hammersmith está el mejor lugar para ver la regata Oxford & Cambridge Boat Race, si uno consigue lugar en el pub "The Dove" a orillas del Támesis. El local existía ya en el año 1730 y ofrecía tranquilidad, bastante lejos de la City de Londres.

The Flask
"The Flask" está cerca del cementerio de Highgate, en la zona de Highgate Hill, North London. Lo visitaban poetas y escritores como Lord Byron, Coleridge, Keats y Shelley, además de pintores como Hogarth. Se cree que este pub tiene sus propios fantasmas: una mujer española que atendía el bar y murió por mal de amores. También está el fantasma de un viejo caballero que atraviesa el bar y desaparece ante las paredes.

The Lamb and Flag
Otro pub imperdible es "The Lamb and Flag", en la zona de Covent Garden, que ya en 1772 era famoso por sus parroquianos humildes y bastante alegres. Lo frecuentaba entonces el poeta John Dryden, más tarde fue el turno de Dickens. Parece que Dryden sufrió un intento de asesinato aquí cerca, por eso el salón del primer piso lleva su nombre.

martes, 24 de enero de 2017

JAPON: cinco experiencias únicas

Japón: cinco experiencias únicas
En los meses de invierno, un destino de festejos, tradiciones y atractivos naturales

1. Visitar los jardines imperiales

Desde la Segunda Guerra Mundial y la derrota japonesa, el emperador ya no es una divinidad encarnada pero sigue siendo un personaje muy querido y respetado, que vive con su familia en el Palacio Imperial del barrio de Chiyoda, en pleno centro de Tokio. Se puede ingresar en esta fortaleza y ver al actual emperador, Akihito, sólo dos veces al año: el 23 de diciembre (su cumpleaños) y el 2 de enero (para recibir sus buenos deseos). El ingreso del 2 de enero es todo un evento para los turistas de paso, que pueden participar de la visita siguiendo el mismo protocolo que los japoneses. Primero se pasan las puertas rigurosamente custodiadas, se recibe una banderita del sol naciente y se llega finalmente delante del palacio, sobre una plaza colmada de gente. La familia real aparece detrás de un vidrio blindado y saluda a la muchedumbre, que agita sus banderines y celebra al grito de banzai (que significa 10.000 años y es un deseo de longevidad). El reino de cada emperador es una era en el calendario japonés. Es probable que el saludo de este año y el del 2 de enero de 2018 sean los últimos de la actual era, ya que se está preparando la abdicación de Akihito a favor de su hijo Naruhito para el 1° de enero de 2019. La era actual empezó con la ascensión de Akihito en 1989 y se llama Heisai (serenidad).

2. Festival de luces en Nagoya

El jardín botánico de Nabana no Sato se transforma cada año, entre octubre y mayo, en uno de los mayores espectáculos de luces de Japón. Queda cerca de Nagoya y se llega fácilmente desde esa ciudad o desde Kioto y Tokio con combinaciones a bordo del tren bala o Shinkansen. Lo recomendable es viajar durante la tarde para ver los jardines de día. En pleno invierno los ciruelos ya están floreciendo y forman un bosque de delicados pétalos que caen de a poco como una suave llovizna. Esta floración precede algunos meses la de los sakura, los famosos cerezos de Japón. Mientras tanto, a medida que llega la noche, las luces se van prendiendo y transforman totalmente el predio. Hay muchas atracciones iluminadas en Japón durante el invierno, pero Nabana no Sato es una de las más populares por su impactante túnel de luces de dos cuadras de largo y su inmensa pantalla de led que recrea escenas animadas (el año pasado fue en torno al famoso animé de Heidi). El parque convoca a mucha gente y es recomendable evitar los días de fiesta y los fines de semana. En invierno hace mucho frío por la noche y hay que prever ropa en consecuencia.

3. El templo del amor

El día de San Valentín es una de las fiestas más celebradas del calendario en Japón. Los negocios, especialmente los de dulces y comidas, se preparan con productos acordes desde muchos días antes. En Kioto el 14 de febrero tiene una resonancia especial y se celebra en el Kiyomizu Dera, donde se encuentra el Templo del Amor, uno de los más emblemáticos entre los cientos de santuarios de la antigua capital imperial japonesa. Se trata de un complejo de edificios religiosos muy antiguos, parte del Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1994, y levantados en torno a aguas con propiedades terapéuticas. Uno de los templos, Jishu Jinja, está dedicado a una deidad shinto del amor y es el lugar que cobra una especial importancia el día de San Valentín. Además de los rituales del culto shinto y de los amuletos que se pueden comprar, se camina entre dos piedras de amor. Las separan 18 metros y hay que ir de una a otra con los ojos vendados o cerrados: quienes lo logren sin desviarse tendrán un encuentro amoroso cercano. Al margen de San Valentín, el templo celebra una ceremonia del amor el primer día de cada mes.

4. Un onsen al pie del Fuji Yama

La región del Monte Fuji es un destino de turismo muy popular en todo Japón y más desde la vecina Tokio. Gracias a las excelentes redes de transporte se llega en apenas unas horas desde el centro de la mayor ciudad del mundo a los bosques nevados y pueblitos que no cambiaron desde la época de los samuráis. El de Naka Gora es uno de ellos, ubicado sobre el circuito de trenes, funicular, teleférico y barco que permite recorrer la región y el lago Ashi para admirar la cumbre del Fuji con su cono perfecto y sus nieves eternas. La región tiene una intensa actividad geotérmica y es común que haya erupciones volcánicas. Las fuentes termales abundan y son captadas por los hoteles y los albergues locales, que ofrecen servicios de baños a sus huéspedes. Este tipo de alojamiento se llama onsen (literalmente fuente de aguas cálidas) y proponen por lo general una estadía al modo tradicional: se duerme sobre tatamis y se come sobre una mesa ratona, sentado en el suelo. Las puertas son corredizas y las ventanas de papel de arroz. En Naka Gora el pequeño hotel Kanon es uno de ellos.

5. Lluvia de pétalos de ciruelos en flor

Japón tiene muchas otras experiencias extraordinarias en febrero, como la muestra de esculturas de hielo en la gélida isla de Hokkaid? o las excursiones a los pueblitos sepultados bajo la nieve en el corazón de los llamados Alpes Japoneses, en la isla de Honsh?. Febrero es también el tiempo de los Ume Matsuri, los festivales de la floración de los ciruelos. Ume es el nombre japonés de esa especie de árbol, científicamente llamada Prunus mume. Florecen en pleno invierno y son tan populares en Japón como los cerezos sakura. Muchas familias aprovechan los días soleados de la temporada fría para pasearse por los parques y almorzar bajo sus ramas florecidas. El parque Kairakuen en Mito (al norte de Tokio) se considera como uno de los más lindos del país y es muy concurrido durante el Ume Matsuri, de fines de febrero a fines de marzo. En Tokio, uno de los jardines más apreciados es el de Hanegi, cuya floración explota durante todo febrero gracias a más de 700 árboles.

viernes, 13 de enero de 2017

AUSTRIA: SALZBURGO: Cuna de Mozart

Salzburgo, cuna de Mozart

La oferta cultural en la ciudad austriaca es muy amplia gracias a su historial artístico, pero a pesar de sus festivales de verano y sus valses modernos, la música clásica sigue siendo lo suyo.
Al llegar a la llamada “ciudad de la sal” (por las minas de este elemento que se encuentran en el área) te recomendamos empezar tu recorrido desde el centro, donde se encuentra todo el entretenimiento. El casco antiguo de Salzburgo fue declarado Patrimonio de la humanidad por la Unesco y tiene una mezcla de todos los estilos que han estado de moda desde la Edad Media, el románico, el renacimiento y el barroco.
Es un muestrario arquitectónico en el que no quedó una sola etapa fuera. La edificación más emblemática es la catedral, dedicada a San Ruperto, fundador de la ciudad, pero lo que más nos interesa es seguir los pasos de su ídolo…

El genio de la música clásica, Wolfgang Amadeus Mozart, quien compuso su primera obra a los cinco años y la última en su lecho de muerte, vio la luz por primera vez en esta ciudad el 27 de enero de 1756. Salzburgo no se cansa de hacer homenaje a su personaje más famoso y al menos una vez al año encontrarás un festival en su nombre, constantes conciertos de su música y, desde luego un museo en la casa donde nació: Hagenauer, ubicada en el número 9 de la calle Getreidegasse.
La casa/museo fue inaugurada en 1880 y desde entonces es visitada por miles de personas al año. En ella puedes ver las habitaciones donde jugaba el bebé Mozart y los instrumentos que tocó de niño, un violín y un clavicordio. También hay retratos familiares y un óleo de él tocando el piano, pintado por su cuñado. Todo un paraíso para los amantes del compositor.

Mozart prosperó en la vida y luego se mudó a Hannibalplatz, ubicada en Makartplatz 8, hoy llamada “Casa del maestro de danza”. También puedes visitarla. Fue en este lugar donde el músico compuso muchas de sus obras, entre ellas “Rey pastor”, una de las más famosas.

Desafortunadamente, en 1944 gran parte de la casa fue destruida por una bomba y fue 10 años después cuando por fin comenzó a ser un museo. Se restauró su arquitectura original y desde entonces cada año es sede de la Semana de Mozart, en la que se presentan conciertos de orquesta sinfónica, óperas y diversos espectáculos en su honor. Un destino imprescindible para los apasionados de la música clásica.